⚖️ El balance de la crisis
Veinte años en los que el país perdió el crecimiento, la moneda estable y la certeza política, y ganó algo que no tenía: la posibilidad de discutir en serio quién gobierna.
Lo que se perdió
El inventario es duro y conviene tenerlo en orden. Se perdió el crecimiento: después de tres décadas creciendo a ritmo alto, la economía prácticamente se detuvo entre 1982 y 1988. Se perdió la estabilidad de precios, con inflaciones que en algunos años llegaron a tres dígitos y que hicieron imposible planear cualquier cosa. Se perdió el poder de compra: un trabajador con el mismo empleo compraba mucho menos al final del periodo que al principio.
Se perdió también la certeza cambiaria, que había durado veintidós años, y con ella una manera de entender el país. Y se perdieron cosas menos medibles y no menos reales: la expectativa de que los hijos vivirían mejor que los padres, que había sostenido buena parte del consenso social del periodo anterior, y la idea de que el Estado podía resolver los problemas con dinero público, que era la base de cómo se había gobernado durante cuarenta años.
En el plano de los derechos, el periodo deja una deuda que sigue abierta. Está documentado por investigaciones oficiales posteriores que hubo detenciones sin orden judicial, tortura y desaparición forzada de personas, y la mayoría de esos casos no llegó nunca a una sentencia. Esa impunidad no es un detalle del balance: es una de las razones por las que el periodo sigue discutiéndose con tanta carga.
1976 · agosto
El peso deja de sostenerse en 12.50 por dólar y se devalúa por primera vez en años
1982 · agosto
El gobierno declara que no puede pagar su deuda externa y estalla la crisis
1983
Arranca el programa de ajuste y el salario real inicia una caída de varios años
Lo que se ganó, aunque no se buscara
Al mismo tiempo, y por las mismas causas, el país ganó cosas que no tenía. La reforma de 1977 metió a la ley a fuerzas políticas que estaban fuera de ella y le dio a la oposición medios, financiamiento y escaños; fue una apertura calculada, y aun así abrió. El sismo de 1985 mostró que la gente podía organizarse sin permiso y dejó organizaciones que sobrevivieron al desastre. Y la elección de 1988 dejó claro que un partido podía partirse, que salir de él ya no significaba desaparecer y que el sistema no podía seguir siendo juez y parte de sus propias elecciones.
Conviene ver la relación entre las dos listas, porque es lo que hace interesante el periodo. Lo segundo no ocurrió a pesar de lo primero: ocurrió por lo primero. El consenso del sistema se apoyaba en resultados —crecimiento, servicios, mejora de una generación a otra— y cuando esos resultados desaparecieron, el arreglo se quedó sin lo que lo hacía tolerable. Un régimen que ya no puede repartir tiene que empezar a competir, y eso es exactamente lo que empieza a pasar.
Los estudiosos de la transición mexicana discuten cuánto de esa apertura fue concesión calculada desde arriba y cuánto conquista arrancada desde abajo, y las dos posiciones tienen evidencia. Quienes subrayan lo primero señalan que cada reforma se aprobó cuando al gobierno le convino y en los términos que él fijó; quienes subrayan lo segundo responden que ninguna de esas reformas se habría planteado sin la presión de movimientos, elecciones disputadas y una sociedad que dejó de aceptar lo que aceptaba antes. Es una discusión abierta y así conviene presentarla.
1977 · diciembre
La reforma política registra a nuevos partidos y les reserva curules en la Cámara
1985 · 19 de septiembre
Un sismo derrumba parte de la Ciudad de México y los vecinos organizan el rescate
1988 · 6 de julio
En la elección presidencial el conteo se interrumpe y el resultado queda en disputa
| Aspecto | Lo que se perdió | Lo que se abrió por eso mismo |
|---|---|---|
| Crecimiento | Treinta años de crecimiento alto se detienen en 1982. | Sin resultados que repartir, el consenso deja de sostenerse solo. |
| Certeza | Cae la paridad de veintidós años y la inflación vuelve imposible planear. | Un electorado urbano golpeado empieza a votar distinto. |
| Autoridad del Estado | La respuesta oficial al sismo llega tarde y desorganizada. | La gente descubre que puede organizarse sola, y las organizaciones duran. |
| Disciplina del partido | El método de sucesión no admite discusión interna. | El partido se parte y por primera vez salir de él no es desaparecer. |
Dato: En 1970 la oposición no tenía prácticamente ninguna curul y ninguna gubernatura; en 1988 disputó la presidencia. Veinte años es poco tiempo para ese cambio, y ocurrió en las dos décadas peores de la economía mexicana del siglo. Esa coincidencia es el tema.
Cómo se contesta esto sin repartir culpas
La pregunta de examen suele venir en forma de juicio: quién tuvo la culpa de la crisis, o si el gobierno reprimió porque quiso o porque no le quedó otra. Las dos formas empujan a una respuesta que no explica nada, porque convierten un proceso de veinte años en una decisión de alguien.
La respuesta que se sostiene hace tres cosas. Distingue planos: la economía, la política, los derechos humanos y la vida cotidiana no siguieron el mismo ritmo, y mezclarlos produce las respuestas que solo enumeran agravios o solo enumeran reformas. Fecha dentro del periodo: 1971, 1982 y 1988 son momentos muy distintos, con gobiernos, problemas y márgenes distintos. Y separa lo documentado de lo discutido, que en esta unidad no es un refinamiento sino la condición de que el tema sea presentable.
Esa tercera parte merece insistencia. Hay hechos con respaldo documental que se afirman sin rodeos: el ejército rodeó Tlatelolco, existió un grupo paramilitar en 1971, hubo desaparición forzada sostenida por corporaciones del Estado, el conteo de 1988 se interrumpió y las boletas se destruyeron. Y hay cosas que no se pueden establecer: cuántos murieron el 2 de octubre, cuántas personas fueron desaparecidas, cuál habría sido el resultado de un conteo limpio. Afirmar lo primero con firmeza y decir de lo segundo que no se sabe no es tibieza: es lo que hace creíble todo lo demás.
Distinguir planos
Economía, política, derechos y vida diaria no siguieron el mismo ritmo. Mezclarlos produce respuestas que solo enumeran.
Fechar dentro del periodo
1971, 1982 y 1988 son momentos distintos, con gobiernos, problemas y márgenes distintos.
Separar lo documentado de lo discutido
Aquí no es un refinamiento: es la condición de que el tema sea presentable y de que lo afirmado resulte creíble.
Relacionar pérdida y apertura
La competencia política no llegó a pesar de la crisis: llegó porque un régimen que ya no puede repartir tiene que empezar a competir.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México II de la DGB/SEP.