👑 Las Reformas Borbónicas
Cómo los Borbones intentaron gobernar Nueva España desde el centro con la visita de Gálvez, los estancos, las intendencias y la consolidación de vales reales, y el balance de casi tres siglos de Virreinato.
La nueva dinastía y una manera distinta de gobernar
A inicios del siglo XVIII llegó al trono de España una nueva dinastía, la de los Borbones, que sustituyó a los Habsburgo, que reinaban desde principios del siglo XVI. Con ella llegó también una manera distinta de entender el gobierno de un imperio tan grande como el español.
Esa manera de gobernar se conoce como despotismo ilustrado: la idea de que el rey y sus ministros, apoyados en funcionarios profesionales y en un conocimiento más detallado del territorio, podían decidir mejor desde el centro que negociando todo el tiempo con las corporaciones locales —cabildos, Consulado, Iglesia— como se había hecho hasta entonces. El objetivo declarado era claro: que los reinos americanos rindieran más a la monarquía, en dinero y en control.
Ese cambio de mirada se nota incluso en el vocabulario de los documentos de gobierno: es en esta etapa cuando empieza a generalizarse, entre los ministros de Madrid, la costumbre de llamar «colonias» a estos territorios, una discusión sobre el nombre que ya se contó en el tema de la creación del virreinato.
Dato: El despotismo ilustrado suele resumirse con una frase que se hizo famosa después: «todo para el pueblo, pero sin el pueblo». En Nueva España esa fórmula significó reformas pensadas en Madrid, sin que las corporaciones locales tuvieran mucho que opinar.
Las medidas en Nueva España
La reforma más visible empezó con una persona: el visitador general José de Gálvez llega a Nueva España en 1765 y se queda seis años, con instrucciones de revisar a fondo la hacienda y el gobierno del virreinato y de proponer cambios de raíz. Su paso dejó huella en casi todas las medidas que se cuentan en este tema.
Una de las herramientas favoritas de la reforma fue el estanco: la Corona se reservaba el monopolio de la producción o la venta de un producto y prohibía que los particulares comerciaran con él sin su permiso. El más importante fue el del tabaco, que llegó a sostenerse con fábricas propias donde trabajaban miles de personas, muchas de ellas mujeres, y que se convirtió en una de las rentas más fuertes de la Corona en Nueva España.
La hacienda entera se reorganizó para cobrar mejor y para que menos dinero se perdiera en el camino, y lo recaudado subió de manera sostenida durante el resto del siglo. El ejército también se reforzó, sobre todo con milicias formadas por la propia población novohispana; para muchos criollos, obtener un grado militar en esas milicias fue una de las pocas vías de ascenso social que las reformas no les cerraron.
El cambio administrativo más profundo llegó con la ordenanza de intendentes, del 4 de diciembre de 1786: dividió Nueva España en doce intendencias, cada una a cargo de un intendente nombrado desde España, y con eso sustituyó a buena parte de los antiguos alcaldes mayores y corregidores. La misma ordenanza prohibió el repartimiento de mercancías, la práctica por la que esos funcionarios obligaban a los pueblos de su jurisdicción a comprarles mercancía, casi siempre a precios abusivos, aunque en muchos lugares siguió practicándose de otra forma. En el norte, donde la amenaza no era la mala administración sino la defensa de una frontera enorme, se crearon las Provincias Internas, con mando militar propio.
El comercio también se abrió, aunque no de golpe: el reglamento de comercio libre entre puertos del imperio se firmó a fines de los años setenta de ese siglo, y su aplicación plena en Nueva España llegó todavía más tarde. Y en los nombramientos, la balanza se inclinó hacia los peninsulares: los altos cargos de gobierno, antes al alcance de un criollo que podía comprarlos o ganarlos con el tiempo en una audiencia o un cabildo, se reservaron cada vez más para funcionarios nacidos en España.
1765
Llega el visitador José de Gálvez a reorganizar la hacienda y el gobierno del virreinato
1786 · 4 de diciembre
La ordenanza de intendentes reparte Nueva España en intendencias con funcionarios nombrados desde España
Los estancos
Monopolios de la Corona sobre productos como el tabaco, con fábricas propias y miles de trabajadores.
La hacienda y el ejército
Más recaudación y milicias novohispanas, que dieron a algunos criollos grados militares.
Las intendencias
Doce divisiones con funcionarios enviados desde España, que sustituyeron a muchos alcaldes mayores y corregidores.
El comercio y los cargos
Más puertos abiertos al comercio del imperio, y más preferencia por peninsulares en los cargos más altos.
| Aspecto | Antes: alcaldes mayores y corregidores | Después: intendentes |
|---|---|---|
| Quién los ponía en el cargo | A muchos los nombraba el virrey entre sus allegados, y otros compraban el nombramiento. | Los nombraba directamente la Corona desde España. |
| El repartimiento de mercancías | Muchos lo practicaban como una fuente extra de ingresos personales. | Quedó prohibido por la misma ordenanza que los sustituyó. |
| Cuántos territorios administraban | Decenas de alcaldías mayores y corregimientos, de tamaño desigual. | Doce intendencias, de tamaño más parejo. |
La Iglesia bajo las reformas
La Iglesia, que bajo el Patronato había sido socia de la Corona durante dos siglos, también sintió el peso de las reformas. La primera medida, y la más brusca, fue la expulsión de los jesuitas, ejecutada en Nueva España el 25 de junio de 1767, como en el resto de los territorios de la Corona española. Los jesuitas tenían a su cargo buena parte de los colegios donde estudiaba la élite criolla, y su salida fue un golpe que esa élite no olvidó pronto.
La expulsión no pasó sin resistencia. En San Luis Potosí, Guanajuato y Michoacán estallaron motines de protesta, y el propio José de Gálvez los reprimió con dureza, incluidas varias ejecuciones. El virrey marqués de Croix anunció la medida con un bando que dejaba pocas dudas sobre el margen de discusión que la Corona estaba dispuesta a tolerar.
Casi cuatro décadas después llegó otra medida que golpeó a la Iglesia y, con ella, a buena parte de la élite novohispana: la consolidación de vales reales, de 1804. Ordenaba cobrar de inmediato los capitales de capellanías y obras pías —fondos de la Iglesia que estaban prestados a hacendados, mineros y comerciantes— para mandar ese dinero a España. Familias que llevaban años pagando solo los intereses de esos préstamos tuvieron que devolver el capital completo en muy poco tiempo.
Lo que esas dos medidas provocaron entre los criollos —el agravio que años después, con la crisis de 1808, ya no se pudo contener— se cuenta en el tema «por qué se rompe Nueva España».
1767 · 25 de junio
Se ejecuta en Nueva España la expulsión de los jesuitas de los territorios de la Corona
1804
La consolidación de vales reales manda cobrar de golpe los préstamos de la Iglesia en América
«[…] me veré precisado a usar del último rigor, o de ejecución militar contra los que en público, o secreto hicieren con este motivo, conversaciones, juntas, asambleas, corrillos, o discursos de palabra o por escrito; pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno.»
Qué hay que ver aquí: El bando no se limita a anunciar la expulsión: prohíbe hablar de ella, en público o en secreto, de palabra o por escrito. Y la frase final va más allá del caso de los jesuitas, porque dice «para lo venidero». Es el despotismo ilustrado dicho sin rodeos: el gobierno decide y los súbditos no opinan. Por eso la frase se volvió famosa, y por eso se recordó tanto cuando, pocas décadas después, los criollos empezaron a reclamar que sí les tocaba discutir quién los gobernaba.
Balance y cierre de la unidad
Vistas juntas, las reformas dejan una paradoja. Nueva España nunca había producido tanta plata ni había entregado tanto dinero a la Corona como a fines del siglo XVIII: en eso las reformas cumplieron su objetivo. Y, al mismo tiempo, lastimaron a buena parte de los grupos que hasta entonces habían sostenido el orden virreinal sin cuestionarlo: criollos que veían cerrarse el paso a los cargos, la Iglesia despojada de buena parte de su capital, comerciantes del Consulado que perdían su monopolio, y pueblos que veían desaparecer instituciones con las que ya sabían negociar.
Sobre qué tan responsables fueron estas reformas de lo que vino después, conviene distinguir tres cosas. Lo documentado es el aumento de la recaudación de la Corona y de la producción de plata durante este periodo. En disputa está si esas reformas «causaron» la independencia o si solo tensaron un orden que de todos modos se habría roto por la crisis que se cuenta en el tema siguiente: unos historiadores ponen el peso en el agravio acumulado por las reformas, y otros en que sin esa crisis posterior el orden pudo haber seguido funcionando, agravios y todo, por mucho más tiempo. Y no puede establecerse si, sin la invasión napoleónica que rompe a la monarquía española, ese orden habría durado: es una pregunta sobre algo que no ocurrió, y con esas la historia no puede trabajar.
Para cerrar casi tres siglos de esta unidad conviene un balance en cuatro pasos, parecido al que cerró la unidad de la conquista.
Gobierno
De un poder que se ejercía negociando con cabildos, Audiencia e Iglesia, a un intento de mando más centralizado con las intendencias; al México independiente le quedan las intendencias, que sirvieron de base a varios de sus primeros estados, y la tensión entre el poder central y las regiones.
Economía
Una economía de la plata que llegó a su mayor producción justo al final del periodo; al México independiente le queda esa dependencia de la plata y del comercio exterior.
Sociedad
Una sociedad ordenada por el origen, con el agravio criollo creciendo bajo las reformas; al México independiente le queda esa fractura entre criollos y peninsulares como parte del conflicto que hereda.
Cultura
Una Iglesia que seguía siendo la institución educativa y de crédito más grande del territorio, aunque debilitada por la consolidación de vales reales; al México independiente le queda esa presencia, ya sin el capital que antes prestaba con tanta soltura.
| Aspecto | Qué se afirma | Qué tan firme es |
|---|---|---|
| Que la recaudación y la producción de plata aumentaron | Documentado. | Los registros de hacienda y de minería del periodo lo sostienen sin discusión entre los especialistas. |
| Si las reformas «causaron» la independencia | En disputa. | Unos historiadores ponen el peso en el agravio acumulado por las reformas, y otros en que el orden pudo haber seguido funcionando sin la crisis posterior. |
| Si el orden habría durado sin la invasión napoleónica | No puede establecerse. | Es una pregunta sobre algo que no ocurrió, y con eso la historia no puede trabajar. |
Dato: Cómo se rompió, al final, ese orden de casi tres siglos, es la pregunta que responde el tema «por qué se rompe Nueva España».
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.