🎩 El porfiriato en su ocaso
Cómo un régimen que trajo ferrocarriles y paz se quedó sin forma de relevarse.
Treinta y cuatro años de un mismo gobierno
Porfirio Díaz llegó al poder en 1876 con las armas y con una bandera que después le estorbaría: la no reelección. Gobernó hasta 1911, con un intervalo de cuatro años en que dejó la silla a Manuel González y siguió mandando desde fuera. Al final sumaba más de tres décadas, algo que ningún presidente mexicano había tenido antes ni ha tenido después.
El país que entregó no era el que recibió. México pasó de unos cuantos cientos de kilómetros de vía férrea a más de diecinueve mil, se conectó por telégrafo, atrajo inversión extranjera y dejó de tener un golpe de Estado cada temporada. Esa transformación es real y conviene reconocerla, porque es la mitad de la explicación de por qué el régimen duró tanto.
La otra mitad es cómo se sostuvo. Las elecciones se celebraban y los resultados se conocían de antemano; los gobernadores los ponía el centro; la prensa crítica se compraba o se encarcelaba; y los conflictos locales los resolvía el Ejército o los rurales. El sistema funcionaba mientras Díaz estuviera para arbitrarlo, y esa dependencia de una sola persona resultó ser su falla de origen.
1876
Porfirio Díaz llega al poder tras el Plan de Tuxtepec
Dato: La red ferroviaria creció tanto que en 1910 se podía ir de Ciudad Juárez a la Ciudad de México en tren. Esa misma red sirvió después para mover ejércitos revolucionarios de un extremo del país al otro.
Quiénes no cabían en ese progreso
El crecimiento económico se repartió de forma muy desigual, y las leyes ayudaron a que así fuera. Las de deslinde de terrenos baldíos permitieron que compañías privadas midieran tierras «sin dueño» y se quedaran con una parte; muchas comunidades campesinas que llevaban generaciones cultivando sin papeles perdieron sus tierras porque no podían probar lo que todos sabían.
El resultado fue la hacienda como forma dominante de la vida rural. El campesino sin tierra trabajaba en la del hacendado, cobraba en vales que solo servían en la tienda de raya de la propia hacienda y heredaba a sus hijos la deuda que no alcanzaba a pagar. En el norte y en las ciudades la situación era distinta pero no cómoda: jornadas de doce horas, sin descanso obligatorio y sin derecho legal a organizarse.
Al mismo tiempo crecía un grupo que el régimen no había previsto: profesionistas, comerciantes y rancheros con estudios y con dinero, que no tenían ninguna vía para participar en política. No pedían repartir la tierra; pedían poder competir por un cargo. Que dos descontentos tan distintos —el del campesino sin tierra y el del profesionista sin puesto— coincidieran en la misma coyuntura es lo que hizo posible lo que vino después.
Tienda de raya
La tienda de la hacienda, donde se cobraba el vale que sustituía al salario. Como los precios los ponía el mismo patrón, el trabajador terminaba debiendo más de lo que ganaba, y la deuda lo ataba a la hacienda.
Deslinde de baldíos
El mecanismo legal para medir tierras sin título y adjudicarlas. En teoría ordenaba la propiedad; en la práctica trasladó tierra comunal a compañías deslindadoras y a hacendados.
Los científicos
El grupo de asesores de Díaz que defendía gobernar con criterios técnicos y no con política. Concentraron cargos y decisiones económicas, y su cercanía al poder molestaba incluso dentro del propio régimen.
Las señales que el régimen no supo leer
Antes de 1910 hubo avisos claros. En 1906 los mineros de Cananea, en Sonora, pararon labores pidiendo el mismo salario que sus compañeros estadounidenses y una jornada de ocho horas; la huelga terminó con muertos y con rangers venidos de Arizona interviniendo en territorio mexicano. En enero de 1907, los obreros textiles de Río Blanco, en Veracruz, fueron reprimidos por el Ejército después de que el propio Díaz laudara en contra suya.
El mismo año de Cananea, el Partido Liberal Mexicano publicó desde el exilio un programa que pedía jornada de ocho horas, prohibición del trabajo infantil, salario mínimo y reparto de tierras ociosas. Casi ninguno de esos puntos se cumplió entonces, pero conviene retenerlos: buena parte de ese programa reaparece once años después en la Constitución.
Y en 1908 llegó el aviso que el propio Díaz se dio a sí mismo. En una entrevista con el periodista estadounidense James Creelman declaró que México ya estaba preparado para la democracia y que vería con gusto la formación de partidos de oposición. La entrevista se publicó en inglés y se tradujo de inmediato en México, y muchos la leyeron como lo que parecía: un permiso.
1906 · 1 de junio
Huelga de los mineros de Cananea, Sonora
1906 · 1 de julio
El Partido Liberal Mexicano publica su programa desde San Luis Missouri
1907 · 7 de enero
Represión de los obreros textiles de Río Blanco, Veracruz
1908 · marzo
Díaz declara a James Creelman que México está listo para la democracia
«He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas […]. Creo que ese día ha llegado.»
Qué hay que ver aquí: Fíjate en que Díaz no anuncia una reforma ni convoca a nada: describe un estado de ánimo. Nunca cumplió lo que aquí parece prometer y se reeligió en 1910. Lo que hizo la entrevista fue dar permiso a que otros se organizaran, y ese permiso ya no se pudo retirar.
El problema que ningún éxito resolvía
En 1910 Díaz tenía ochenta años y no había vicepresidente con apoyo propio ni partido que sobreviviera sin él. Un régimen que había prohibido en los hechos la competencia política tampoco tenía cómo producir un sucesor: cualquiera que se perfilara era, por definición, un rival.
Ese es el nudo del tema. La paz porfiriana y la falta de relevo eran la misma cosa vista de dos lados: el país estaba tranquilo porque no había competencia, y no había manera de cambiar de gobierno porque no había competencia. Cuando la salud del árbitro se volvió el único calendario político del país, el conflicto dejó de ser evitable.
| Aspecto | El del campo | El de las clases medias |
|---|---|---|
| Quiénes | Campesinos sin tierra, peones acasillados, comunidades despojadas. | Profesionistas, comerciantes, rancheros acomodados del norte. |
| Qué pedían | La devolución de las tierras y el fin de la deuda con la hacienda. | Elecciones de verdad y acceso a los cargos públicos. |
| Qué tan lejos llegaba | Cambiar quién es dueño de la tierra: una transformación social. | Cambiar quién ocupa los puestos: una transformación política. |
| Por qué importa la diferencia | Explica que Zapata siga en armas cuando ya cayó Díaz. | Explica que Madero crea haber terminado la Revolución en 1911. |
Dato: La última fila de esa tabla es la que más se pregunta en examen: la Revolución se rompe en 1911 porque los dos descontentos que la hicieron posible querían cosas distintas.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México II de la DGB/SEP.