👁️ Los sentidos
Cómo el ojo, el oído, la lengua, la nariz y la piel convierten el mundo en impulsos, y por qué de noche no se ven colores.
Todos los sentidos hacen lo mismo
Antes de ver los órganos por separado conviene ver qué comparten, porque es lo que de verdad hay que entender.
El sistema nervioso solo sabe manejar una cosa: potenciales de acción. No sabe qué es la luz, ni el sonido, ni el sabor. Entonces cada sentido tiene un RECEPTOR, que es un traductor: recibe una forma concreta de energía y la convierte en impulsos.
El ojo traduce luz. El oído traduce vibraciones del aire. La lengua y la nariz traducen moléculas. La piel traduce presión, temperatura y daño.
Y aquí viene lo raro: los impulsos que salen del ojo y los que salen del oído son IGUALES. No hay impulsos «de color» ni impulsos «de sonido». Lo único que los distingue es adónde llegan: los del ojo terminan en la parte del cerebro que produce experiencia visual y los del oído en la que produce experiencia auditiva.
Eso explica una experiencia que cualquiera ha tenido: si te frotas los ojos cerrados, ves manchas de luz. La presión activó los receptores de la retina, y aunque el estímulo fue mecánico y no luminoso, el cerebro solo puede interpretar esas señales de una manera. Un golpe en la cabeza puede hacer «ver las estrellas» por lo mismo.
Dato: Hay más de cinco sentidos. Además de los clásicos tienes el del equilibrio, el de la posición de tus miembros —cierra los ojos y toca tu nariz: eso no lo hiciste con ninguno de los cinco—, el del dolor, el de la temperatura y varios internos que informan al cerebro del estado de tus órganos.
El ojo
La luz entra por un agujero, la PUPILA, cuyo tamaño ajusta el iris —el anillo de color— para dejar pasar más o menos según la iluminación. Eso ocurre por reflejo, sin que lo decidas.
Después la luz atraviesa el CRISTALINO, una lente flexible que cambia de forma para enfocar: se abomba para ver de cerca y se aplana para ver de lejos. Cuando pierde flexibilidad con la edad, cuesta enfocar de cerca, y por eso mucha gente empieza a alejar el celular pasados los cuarenta.
La luz llega finalmente a la RETINA, el fondo del ojo, donde están los receptores de verdad. Y aquí hay un detalle que sorprende: la imagen llega INVERTIDA, de cabeza. El cristalino funciona como cualquier lente y da la vuelta a la imagen. Que veas el mundo derecho es trabajo del cerebro, que interpreta esa imagen invertida.
Córnea
La capa transparente del frente. Es la que hace la mayor parte del enfoque, aunque no pueda cambiar de forma.
Pupila e iris
El agujero por donde entra la luz y el anillo muscular que lo abre y lo cierra. En penumbra se dilata; con luz fuerte se contrae.
Cristalino
Lente flexible que ajusta el enfoque cambiando de forma. Invierte la imagen, como cualquier lente.
Retina
La capa del fondo donde están los fotorreceptores. Aquí la luz se convierte por fin en impulsos nerviosos.
Nervio óptico
Lleva los impulsos al cerebro. Donde sale del ojo no hay receptores, y por eso cada ojo tiene un punto ciego que no notas porque el cerebro lo rellena.
Dato: El punto ciego se puede comprobar. Tápate el ojo izquierdo, mira fijamente un punto en una hoja con el derecho y mueve despacio la hoja: hay una posición en la que una segunda marca a la derecha desaparece por completo. Lleva ahí toda tu vida y nunca lo habías notado.
Bastones y conos: por qué de noche no hay colores
En la retina hay dos tipos de fotorreceptor, y la división explica mucho de lo que ves.
Los BASTONES son muchísimos, muy sensibles a la luz y no distinguen colores. Son los que trabajan con poca iluminación.
Los CONOS son menos, necesitan bastante más luz y sí distinguen colores: hay tres tipos, sensibles a distintas partes del espectro, y de la combinación de sus respuestas sale toda la gama que percibes.
De ahí sale una consecuencia que se puede comprobar cualquier noche: con poca luz, los conos no alcanzan a activarse y solo trabajan los bastones. Como los bastones no distinguen color, ves en tonos de gris. No es que las cosas pierdan su color: es que el receptor que lo detecta no tiene luz suficiente para funcionar.
Y otra, más curiosa: los conos se concentran en el centro de la retina y los bastones en la periferia. Por eso una estrella muy débil se ve mejor cuando NO la miras de frente: mirándola directamente, su luz cae en la zona de conos, que necesitan más luz; mirando un poco de lado, cae sobre bastones, que son más sensibles. Los astrónomos usan ese truco desde hace siglos.
| Aspecto | Bastones | Conos |
|---|---|---|
| Cuántos hay | Muchísimos | Bastantes menos |
| Cuánta luz necesitan | Poca: funcionan casi a oscuras | Bastante: se apagan en penumbra |
| Detectan color | No: solo claro y oscuro | Sí, con tres tipos distintos |
| Dónde están | Sobre todo en la periferia de la retina | Concentrados en el centro |
| Qué se sigue de eso | De noche ves en grises, y mejor de reojo | De día ves color y detalle, mirando de frente |
Dato: El daltonismo es la falta o el mal funcionamiento de uno de los tipos de cono. Como los genes de dos de ellos están en el cromosoma X, es mucho más frecuente en hombres, por la razón que ya viste en herencia ligada al sexo.
El oído: oír y además no caerse
El oído hace dos trabajos que no tienen nada que ver entre sí y comparten local: la audición y el equilibrio.
Para OÍR, la cadena es mecánica de principio a fin. El sonido es aire vibrando; esa vibración hace vibrar el TÍMPANO, una membrana tensa; el tímpano mueve tres huesecillos diminutos que amplifican el movimiento; el último empuja un líquido dentro de la CÓCLEA, un tubo enrollado como caracol; y dentro de la cóclea hay células con cilios que se doblan con el movimiento del líquido y disparan impulsos.
Lo notable es dónde se separan los tonos: distintas zonas de la cóclea responden a distintas frecuencias. Así que la separación entre grave y agudo es física, ocurre en el oído, y el cerebro recibe la información ya clasificada por el lugar de donde viene.
Para el EQUILIBRIO están los CANALES SEMICIRCULARES: tres tubos llenos de líquido, orientados en los tres planos del espacio. Cuando giras la cabeza, el líquido se queda atrás por inercia y dobla unos cilios, que avisan del giro. Tres tubos porque hay tres direcciones posibles de rotación.
Eso explica el mareo al dar vueltas: si giras mucho rato, el líquido acaba girando contigo; al parar de golpe, el líquido sigue moviéndose por inercia y tus canales siguen informando de un giro que ya no existe. Tus ojos dicen que estás quieto y tu oído dice que giras, y esa contradicción es exactamente lo que se siente como mareo.
Dato: Los huesecillos del oído medio —martillo, yunque y estribo— son los tres huesos más pequeños del cuerpo. El estribo mide unos tres milímetros y es del tamaño de un grano de arroz partido.
Gusto, olfato y tacto
El GUSTO y el OLFATO son químicos: sus receptores detectan moléculas concretas. Y trabajan tan juntos que buena parte de lo que llamas sabor es en realidad olor.
Se comprueba en dos segundos: tápate la nariz y come algo. El sabor se aplana; con un resfriado pasa lo mismo. La lengua sola detecta cinco cualidades básicas —dulce, salado, ácido, amargo y umami, el sabroso de la carne y el caldo—, y todo el resto de la enorme variedad de sabores llega por la nariz.
Aprovechando esto hay que desmontar un dibujo que sigue apareciendo en libros: el «mapa de la lengua», con el dulce en la punta, el amargo al fondo y lo demás a los lados. Es falso. Todas las regiones de la lengua detectan todas las cualidades, con diferencias pequeñas de sensibilidad. Pon sal en la punta de tu lengua y compruébalo tú.
El TACTO no es un sentido sino varios juntos en la piel, cada uno con su receptor: presión, vibración, temperatura y dolor. Y no están repartidos por igual: hay muchísimos más receptores en las yemas de los dedos y en los labios que en la espalda, y por eso puedes leer braille con los dedos y no con el codo.
Papila gustativa
Estructura de la lengua que contiene los receptores del gusto. Cada una detecta las cinco cualidades, no una sola.
Las cinco cualidades
Dulce, salado, ácido, amargo y umami. Todo lo demás que llamas sabor viene del olfato.
Olfato
Receptores del techo de la nariz que detectan moléculas volátiles. Es el único sentido que llega al cerebro sin pasar antes por el tálamo, y quizá por eso los olores traen recuerdos tan de golpe.
Receptores de la piel
Distintos para presión, vibración, calor, frío y dolor. Su densidad cambia muchísimo de una parte del cuerpo a otra.
Adaptación sensorial
Los receptores dejan de responder a un estímulo constante. Por eso dejas de notar la ropa que traes puesta, y por eso quien cocina deja de oler su propia comida.
Dato: Que el amargo se detecte con especial facilidad no es casualidad: muchísimos compuestos tóxicos de las plantas son amargos, y un receptor muy sensible al amargo protege de comerlos. Es una adaptación, y explica por qué a los niños les cuestan tanto las verduras amargas.
Basado en: Biggs, Biología, cap. 33 «El sistema nervioso», sección 3.