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🤝 Cómo se relacionan las especies entre sí

Depredación, competencia y los tres tipos de simbiosis, ordenados por quién gana y quién pierde.

Quién gana y quién pierde

Todas las relaciones entre dos especies se pueden clasificar con una pregunta: ¿a cada una le va mejor, peor o igual por estar la otra ahí? Con esa pregunta salen cinco casos, y no hay que memorizar ninguno: se leen de la tabla.

Vale la pena aclarar de entrada un error muy extendido. SIMBIOSIS no significa «los dos ganan». Significa relación estrecha y duradera entre dos especies que viven juntas, y tiene tres tipos según cómo les vaya: mutualismo, comensalismo y parasitismo. O sea que un parásito y su hospedero están en simbiosis, aunque suene raro.

Las cinco relaciones, con signos
AspectoRelaciónCómo le va a cada uno
DepredaciónUn organismo caza y come a otroDepredador +, presa − (la presa muere)
CompetenciaDos organismos necesitan el mismo recurso limitado− y −: a los dos les va peor que si el otro no estuviera
Mutualismo (simbiosis)Los dos obtienen un beneficio+ y +
Comensalismo (simbiosis)Uno se beneficia y el otro ni gana ni pierde+ y 0
Parasitismo (simbiosis)Uno vive a costa del otro y lo perjudica sin matarlo de inmediato+ y −

Dato: La competencia puede ser entre especies distintas o dentro de la misma especie, y la de dentro suele ser la más dura: dos individuos de la misma especie necesitan exactamente lo mismo, mientras que dos especies distintas casi siempre difieren en algo.

Depredación y competencia

La depredación es la relación en la que un organismo captura y se alimenta de otro. Suena obvia y tiene una consecuencia que no lo es: el depredador no destruye a la presa como población, la regula.

Cuando abundan las presas, los depredadores encuentran comida fácil y su población crece. Al haber más depredadores, las presas escasean. Al escasear las presas, los depredadores pasan hambre y su población baja. Y al haber menos depredadores, las presas se recuperan. El resultado son dos poblaciones que oscilan, con la del depredador siguiendo a la de la presa con un retraso.

Eso explica algo que sorprende: quitar a los depredadores de un ecosistema no beneficia a las presas. Sin control, la población de presas crece hasta agotar su alimento y después se desploma por hambre, muchas veces a niveles peores que antes.

La competencia ocurre cuando dos organismos necesitan el mismo recurso limitado —alimento, agua, luz, sitio para anidar— y no alcanza para los dos. Es la única relación en la que los dos participantes salen perjudicados, y por eso ejerce una presión muy fuerte: las especies que compiten tienden a especializarse en partes distintas del recurso, que es lo que llamamos repartir el nicho.

Dato: En el Parque de Yellowstone, tras reintroducir al lobo en 1995, cambió incluso el curso de algunos ríos. Los alces dejaron de pastar tranquilos en las orillas, los sauces y álamos volvieron a crecer, las raíces sujetaron las riberas y los cauces se estabilizaron. Es el ejemplo más citado de que un depredador sostiene mucho más que a sí mismo.

Los tres tipos de simbiosis

En el MUTUALISMO los dos ganan. Ya viste dos casos completos en la unidad anterior: el liquen —hongo con alga— y las micorrizas —hongo con raíces—. Hay muchísimos más: las bacterias de tu intestino, que digieren lo que tú no puedes y a cambio tienen casa y comida; las abejas y las flores, que intercambian néctar por transporte de polen; las hormigas que defienden a una acacia y viven en sus espinas huecas.

En el COMENSALISMO uno gana y al otro le da igual. Las orquídeas y bromelias que crecen sobre las ramas de un árbol tropical consiguen luz sin quitarle nada al árbol; el pez rémora viaja pegado a un tiburón y come sus sobras. Ahora bien, conviene una advertencia: el comensalismo puro es difícil de comprobar. Cuando estos casos se estudian de cerca suele aparecer algún efecto pequeño en el otro —peso extra, algo de sombra—, así que muchos ejemplos de libro son en realidad relaciones casi neutras, no exactamente neutras.

En el PARASITISMO uno vive a costa del otro. El parásito obtiene alimento o refugio de su hospedero y lo perjudica, pero —y esto es lo importante— normalmente no lo mata de inmediato, porque si lo matara se quedaría sin casa y sin comida.

De ahí sale una idea potente: a un parásito le conviene ser tolerable. Las relaciones parásitas muy antiguas suelen ser más suaves que las recientes, porque han tenido tiempo de ajustarse; las enfermedades más devastadoras suelen ser las que acaban de saltar a un hospedero nuevo, con el que el parásito todavía no se ha «acomodado».

  • Mutualismo

    Liquen, micorrizas, bacterias intestinales, abejas y flores, hormigas y acacias. Los dos salen ganando y muchas veces ninguno vive bien sin el otro.

  • Comensalismo

    Orquídeas sobre las ramas, rémora y tiburón, aves que anidan en árboles. Uno gana y al otro le da prácticamente igual.

  • Parasitismo

    Garrapatas, piojos, lombrices intestinales, muérdago sobre un árbol. Uno gana a costa del otro sin matarlo enseguida.

  • Parásito no es lo mismo que depredador

    Un depredador mata a su presa y se la come; suele ser más grande que ella y le hace falta muchas. Un parásito es más pequeño, vive sobre o dentro de uno solo y le conviene que siga vivo.

Dato: El muérdago que se pone en Navidad es una planta parásita: se instala en las ramas de un árbol y le extrae agua y minerales. Hace algo de fotosíntesis por su cuenta, así que es un parásito parcial, pero un árbol muy cargado de muérdago se debilita de verdad.

Basado en: Biggs, Biología, cap. 2 «Principios de ecología», sección 1.