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🌽 El reparto agrario

Más tierra repartida en seis años que en los veinte anteriores juntos, y una apuesta discutida: el ejido colectivo como empresa, no como parcela.

La escala y el cambio de criterio

Los gobiernos anteriores habían repartido con cuentagotas y con una idea declarada: el ejido era una etapa de paso hacia la pequeña propiedad privada, y repartir demasiado sin crédito ni técnica empobrecía la producción. Este gobierno invirtió el criterio. Repartió en seis años cerca de dieciocho millones de hectáreas, más que todos los gobiernos posteriores a la Revolución juntos, y benefició a alrededor de ochocientos mil campesinos.

El cambio de fondo está en qué se repartió. Hasta entonces el reparto tendía a tomar tierras marginales de las haciendas y dejar intacto su corazón productivo, de modo que el ejidatario recibía lo que menos servía y la hacienda seguía operando. Aquí se afectaron las propiedades más rentables del país —las algodoneras de La Laguna, las henequeneras de Yucatán, las arroceras de Michoacán, los valles del Yaqui y de Mexicali— y se afectaron completas.

Esa decisión tenía un riesgo evidente y el gobierno lo asumió a propósito. Una hacienda algodonera con riego, maquinaria y contratos de venta no es un montón de tierra: es una empresa. Partirla en parcelas de cuatro hectáreas la destruía. Por eso el reparto vino acompañado de una forma de propiedad distinta a la que se venía usando.

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  1. 1936 · octubre

    Se reparten las haciendas algodoneras de La Laguna en ejidos colectivos

Dato: En La Laguna el reparto se hizo en semanas y sobre casi cuatrocientas mil hectáreas de riego, las mejores tierras algodoneras del país. Que se empezara justamente ahí, y no por una región marginal, es la manera más clara de ver que había cambiado el criterio.

El ejido colectivo

El ejido colectivo es la pieza propia de este periodo y conviene entender qué lo distingue. En el ejido ordinario cada ejidatario recibe una parcela y la trabaja por su cuenta; en el colectivo la tierra se trabaja en común, con maquinaria compartida, un plan de siembra único y el reparto de las ganancias entre los socios según el trabajo aportado. No es propiedad privada ni es propiedad estatal: es una tercera cosa, y ese es su interés.

Para que funcionara hacía falta lo que a los ejidatarios les faltaba: crédito, semilla, maquinaria y un comprador. El gobierno creó en 1936 el Banco Nacional de Crédito Ejidal para financiarlos, y ahí está a la vez la fortaleza y la debilidad del diseño. La fortaleza, porque sin crédito el reparto habría producido campesinos con tierra y sin manera de sembrarla. La debilidad, porque el banco acabó decidiendo qué se sembraba, cuándo y a quién se le vendía, de modo que el ejidatario ganó tierra y no siempre ganó autonomía.

Los resultados fueron desiguales y siguen discutiéndose. En La Laguna y en el valle del Yaqui hubo años de producción alta y de ingreso mejor repartido; en Yucatán el henequén ya venía en crisis por la competencia de las fibras sintéticas y el ejido heredó un negocio que se hundía. Para los estudiosos que defienden el modelo, donde falló fue por falta de crédito sostenido y por la interferencia del banco, no por la forma colectiva; para quienes lo critican, la escala y la dirección burocrática eran problemas del diseño mismo.

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  1. 1938 · agosto

    Nace la Confederación Nacional Campesina y agrupa a los ejidatarios

Tres formas de tener la tierra
AspectoCómo se trabajaQué problema tiene
Pequeña propiedadUn dueño trabaja su predio y puede venderlo o hipotecarlo.Sin capital propio, el pequeño propietario acaba vendiendo al vecino grande.
Ejido parceladoCada ejidatario recibe su parcela y la trabaja por su cuenta.Parcelas chicas sin maquinaria ni riego: sirve para comer, no para vender.
Ejido colectivoLa tierra se trabaja en común, con plan de siembra y ganancias repartidas.Depende del crédito, y quien da el crédito acaba decidiendo qué se siembra.
HaciendaUn propietario con peones a jornal y control de la región entera.Es lo que se quiere sustituir: concentra la tierra y fija el salario a su gusto.

Qué resolvió y qué no

Lo que sí resolvió es de fondo y conviene decirlo con claridad: terminó con la hacienda como forma dominante de propiedad rural en México. Después de este periodo el país deja de organizarse alrededor de un puñado de propietarios con control regional, y eso es un cambio estructural que ningún gobierno posterior deshizo. También cambió la relación de fuerzas en el campo: un ejidatario con tierra y con organización propia no es lo mismo que un peón acasillado.

Lo que no resolvió también es de fondo. La tierra repartida no siempre fue la mejor, el crédito nunca alcanzó para todos y siguió llegando tarde, y la población rural creció más rápido que la tierra disponible, de modo que en una generación había otra vez campesinos sin nada que repartir. A partir de los años cuarenta la política agraria cambió de rumbo, el ejido colectivo fue desmantelado en la mayoría de las regiones y el apoyo público se concentró en la agricultura comercial del norte.

Hay además una consecuencia política que se ve mejor con los años. Al entregar la tierra a través de una organización ligada al partido y al financiarla con un banco del Estado, el reparto creó una relación de dependencia duradera: el ejidatario obtuvo un patrimonio y quedó atado a quien se lo había dado y a quien le prestaba para sembrarlo. Es la misma operación que se ve en el mundo obrero, y las dos se estudian juntas en el tema siguiente.

  • El cambio estructural

    La hacienda deja de ser la forma dominante de propiedad rural, y ningún gobierno posterior lo revirtió.

  • El límite demográfico

    La población rural creció más rápido que la tierra repartible, así que en una generación volvió a haber campesinos sin tierra.

  • El giro de los cuarenta

    El ejido colectivo se desmantela en casi todas las regiones y el apoyo público se va a la agricultura comercial.

  • La atadura

    Tierra entregada por una organización del partido y financiada por un banco del Estado: patrimonio y dependencia en el mismo acto.

Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México II de la DGB/SEP.