Volver a El «milagro mexicano»

🎩 El sistema político

Había elecciones, partidos y Congreso, y aun así todo lo importante se decidía en otro lado: cómo funcionaba en la práctica el régimen de estas décadas.

Las piezas, ya montadas

Al empezar los años cuarenta el arreglo ya estaba armado y en 1946 el partido cambió de nombre por última vez para volverse Partido Revolucionario Institucional. Sus piezas eran cuatro y funcionaban engranadas. La primera: una presidencia con facultades enormes, formales e informales, que decidía sobre el presupuesto, los nombramientos, los gobernadores y hasta las candidaturas del partido. La segunda: el corporativismo, es decir las centrales obrera, campesina y popular que agrupaban a la población organizada y negociaban con el gobierno en nombre suyo.

La tercera pieza es la no reelección, que resulta contraintuitiva y es esencial. En un sistema donde el presidente manda tanto, la garantía de que su poder termina en una fecha fija es lo que hace tolerable ese poder: todos los grupos saben que en seis años les tocará negociar de nuevo, así que conviene esperar. La cuarta es la disciplina: quien acata las reglas internas conserva su carrera y puede aspirar a más; quien rompe con el partido pierde la carrera entera, y hay pocos ejemplos de que alguien haya vuelto después de irse.

El engranaje se ve mejor con el nombre popular del mecanismo de sucesión. El presidente saliente elegía a su sucesor entre los miembros del gabinete, y ese señalamiento —al que se llamó el dedazo— era la decisión política más importante del sexenio. Después venía la campaña, la elección y la toma de posesión, con todas las formas cumplidas. Un observador que solo mirara las formas veía una república; uno que mirara dónde se decidía veía otra cosa.

En orden
  1. 1946 · enero

    El PRM se transforma en Partido Revolucionario Institucional

  2. 1946 · 1 de diciembre

    Miguel Alemán asume la presidencia: el primer civil desde la Revolución

Dato: El dedazo no está en ninguna ley ni en ningún estatuto: fue una práctica que todos conocían y nadie escribía. Que un mecanismo no escrito haya ordenado la sucesión del poder durante más de medio siglo dice bastante sobre cómo funcionaba el sistema.

Elecciones sin competencia

Las elecciones se celebraban puntualmente y el partido las ganaba con márgenes muy amplios, incluidas prácticamente todas las gubernaturas, casi todas las diputaciones y la totalidad de las senadurías durante décadas. Los partidos de oposición existían y estaban registrados —el PAN desde 1939, y algunos más pequeños— pero no tenían acceso equitativo a los medios ni a los recursos, y la autoridad electoral dependía del gobierno, que era juez y parte.

En 1963 se aprobó una reforma que creó los llamados diputados de partido: cualquier partido que alcanzara un porcentaje mínimo de la votación nacional obtenía un número de curules aunque no ganara ningún distrito. Es la primera pieza de un largo camino que llevará décadas, y su lógica conviene entenderla. No se hizo para que la oposición pudiera ganar, sino para que estuviera representada y el Congreso no pareciera unánime: el sistema necesitaba una oposición visible para sostener su legitimidad, y a la vez necesitaba que esa oposición no ganara.

Aquí hace falta una precisión de vocabulario que se pregunta en examen. A este arreglo se le llama sistema de partido hegemónico y no de partido único, y la diferencia es real: en un sistema de partido único los demás están prohibidos, como ocurría entonces en varios países; aquí estaban permitidos, competían legalmente y aparecían en la boleta. Lo que no podían era ganar. Describirlo como partido único es tan impreciso como describirlo como una democracia.

En orden
  1. 1963

    La reforma electoral crea los diputados de partido y da curules a la oposición

Tres arreglos que no hay que confundir
AspectoCómo son los partidosCómo son las elecciones
Partido únicoLos demás están prohibidos por ley.No hay competencia ni en la boleta: se vota por uno o no se vota.
Partido hegemónicoLos demás existen, están registrados y hacen campaña.Se celebran con regularidad y uno solo puede ganarlas.
Sistema competitivoVarios partidos con posibilidades reales de gobernar.El resultado no se conoce de antemano y puede haber alternancia.
Dictadura militarNo hay partidos ni cargos de elección relevantes.No se celebran, o se celebran sin valor.

Por qué se sostuvo tanto tiempo

La explicación que solo apela a la represión es incompleta: hubo represión y fue real, pero un sistema que dura medio siglo se apoya también en cosas que la gente valora. La primera es que había resultados: crecimiento sostenido, servicios que llegaban, seguridad social, escuela para los hijos, y una expectativa razonable de que los hijos vivirían mejor que los padres. En un país que venía de una guerra civil, eso pesaba.

La segunda es que el sistema ofrecía canales para conseguir cosas. Un ejidatario que quería crédito, una colonia que quería agua, un sindicato que quería un contrato mejor: todos tenían por dónde plantearlo, y funcionaba lo suficiente como para que valiera la pena usarlo. A esa forma de operar se le llama clientelismo, y aunque el término suene despectivo describe un mecanismo real de intercambio: apoyo político a cambio de gestión.

La tercera es la flexibilidad. El sistema era capaz de moverse a la izquierda o a la derecha según el sexenio y según la presión, de incorporar a críticos dándoles un cargo, de hacer suyas las demandas de un movimiento después de desactivarlo. Esa capacidad de absorción es lo que le permitió durar, y es también lo que hace difícil clasificarlo con las categorías habituales. Para los estudiosos del periodo, ahí está su rasgo más característico y el que más se ha discutido.

Cómo se resolvía una demanda dentro del sistema

  1. Se plantea por el canal previsto

    La demanda entra por la organización del sector que corresponda.

    • El ejidatario acude a la central campesina; el obrero, a su sindicato; el vecino, a la organización de colonos.
    • El dirigente lleva la petición al funcionario y negocia lo posible.
    • Se obtiene una parte de lo pedido, y ese resultado parcial sostiene la lealtad al canal.
  2. Si se plantea por fuera

    La demanda sin canal encuentra primero indiferencia y después presión.

    • La organización independiente no consigue registro ni interlocución oficial.
    • El conflicto se declara ilegal o inexistente si es laboral.
    • Si persiste, aparecen la presión sobre los dirigentes y, en los casos duros, la fuerza pública.

    Ojo: La secuencia importa: primero se ofrece el canal y solo después se reprime. Contar únicamente el segundo paso deja sin explicar por qué tanta gente usaba el primero.

  3. La absorción

    El sistema hace suya la demanda una vez desactivado el movimiento.

    • Se atiende una parte del reclamo con un programa o una ley.
    • Se incorpora a algunos dirigentes con un cargo o una candidatura.
    • El movimiento queda sin bandera propia y sus demandas aparecen como logro del gobierno.

Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México II de la DGB/SEP.