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⛓️ La esclavitud africana en Nueva España

Por qué se trajo por la fuerza a personas esclavizadas desde África, en qué trabajaron, qué les reconocía la ley pese a tratarlas como propiedad, y cómo resistieron.

Por qué llegaron personas esclavizadas desde África

La conquista y las décadas que siguieron dejaron a Nueva España con muy pocos trabajadores disponibles: la población indígena se había desplomado, como ya se cuenta en el tema de las consecuencias de la conquista, y en 1542 las Leyes Nuevas prohibieron esclavizar indígenas, lo que cerró una vía que hasta entonces se había usado, a veces con permiso y a veces sin él, para conseguir mano de obra forzada. Faltaban brazos para los ingenios, las minas y las haciendas que empezaban a crecer, y esa falta es la que explica lo que sigue.

La respuesta fue traer, por la fuerza, a personas capturadas en distintas regiones de África. Al principio la Corona vendía licencias sueltas, un permiso por cada barco o cada cargamento; más adelante organizó el negocio con asientos, contratos de monopolio que entregaban a un solo comerciante o compañía el derecho exclusivo de vender personas esclavizadas en los territorios de la Corona durante un tiempo determinado. Los primeros asentistas fueron, sobre todo, comerciantes portugueses, que ya tenían presencia en la costa africana.

La travesía cruzaba el Atlántico en condiciones que las propias autoridades de la época describían como duras, y parte de las personas pasaban primero por puertos del Caribe antes de seguir hacia Nueva España. El puerto de entrada principal en territorio novohispano fue Veracruz, por donde entraba también casi todo el comercio con España.

La entrada de personas esclavizadas fue más intensa a finales del siglo XVI y en la primera mitad del siglo XVII, cuando la caída de la población indígena pesaba más y la demanda de trabajadores era mayor. Sobre el tamaño total de ese comercio conviene ser precisos, porque es de los puntos donde más se exagera o se minimiza.

En orden
  1. 1542 · 20 de noviembre

    Las Leyes Nuevas prohíben esclavizar indígenas y ordenan que las encomiendas no se hereden

Las tres cajas de la trata hacia Nueva España
AspectoQué se afirmaQué tan firme es
Que por Veracruz entraron decenas de miles de personas esclavizadas durante ese periodoDocumentado.Lo registran los libros de la aduana y las licencias otorgadas, y por eso Nueva España llegó a tener, durante un tiempo, una de las mayores poblaciones de origen africano de América.
El número total de personas traídas a lo largo de todo el periodoNo puede establecerse.El contrabando, que evadía todo registro, no dejó cuentas, y las estimaciones publicadas por los especialistas varían mucho entre sí.
Que la cifra ronda más de cien mil personasEn disputa.Es la estimación que más se cita entre quienes trabajan el tema, pero se sostiene con métodos indirectos, no con un conteo, y conviene presentarla siempre como estimación.

Dónde trabajaban y qué les reconocía la ley

Las personas esclavizadas trabajaron en destinos muy variados. Los ingenios de azúcar de Morelos y de Veracruz, y los obrajes textiles de varias ciudades, fueron de los que más las ocuparon; en menor medida trabajaron también en las minas del norte, donde predominaba otra clase de mano de obra que se cuenta en el tema de la economía novohispana. Hubo además trabajo en haciendas ganaderas y, en las ciudades, en el servicio doméstico de las casas de la élite, donde tener personas esclavizadas a su servicio llegó a ser, para esas familias, un signo de posición social. Se ocuparon también en la arriería y en oficios diversos, y algunas llegaron a ser capataces de cuadrillas de trabajadores indígenas, un puesto intermedio que no era el más común pero tampoco excepcional.

Ante la ley, una persona esclavizada era propiedad de su amo: se vendía, se heredaba y, con frecuencia, se marcaba con hierro como se hacía con el ganado, para poder identificarla si escapaba. No hay manera de suavizar ese hecho ni razón para hacerlo.

Y sin embargo, la misma sociedad que la trataba como propiedad le reconocía algunas cosas que no le reconocía a un objeto. Podía casarse por la Iglesia, y ese matrimonio se sostenía como sacramento aunque el amo se opusiera. Podía acudir a los tribunales para denunciar malos tratos, aunque conseguir que la escucharan fuera otra cuestión. Y podía comprar su propia libertad reuniendo dinero poco a poco, lo que se llama manumisión; a la persona liberada se le decía, en el habla de la época, «horra». Muchas personas esclavizadas y libres de origen africano se organizaban, además, en cofradías, asociaciones religiosas dedicadas al culto de un santo y a ayudarse entre sí, que funcionaban con reglas y cuotas que ellas mismas fijaban.

«Procúrese en lo possible, que haviendo de casarse los Negros, sea el matrimonio con Negras. Y declaramos, que estos, y los demás, que fueren esclavos, no quedan libres por haverse casado, aunque intervenga para esto la voluntad de sus amos.»
Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias, libro VII, título V («De los mulatos, negros, berberiscos, é hijos de indios»), ley quinta · Disposición del siglo XVI recogida en la Recopilación impresa en Madrid en 1681 (la nota al margen con el rey y la fecha no se lee con certeza en el facsímil)

Qué hay que ver aquí: La ley tiene dos partes y conviene leerlas juntas. La primera busca que los hombres negros se casen con mujeres negras, es decir, que no se mezclen con la población indígena ni con la española: es la lógica de separar a la gente por calidad. La segunda aclara que casarse no da la libertad, ni siquiera cuando el amo lo consiente. La Iglesia reconocía el matrimonio de las personas esclavizadas como sacramento, y la Corona se aseguraba de que ese reconocimiento no tocara la propiedad.

  • Como propiedad

    Se vendía, se heredaba y se marcaba con hierro, igual que otros bienes de un patrimonio.

  • Lo que la ley y la Iglesia reconocían

    El matrimonio eclesiástico, el acceso a tribunales por malos tratos y la posibilidad de comprar la propia libertad.

  • Cofradías

    Asociaciones religiosas de negros y mulatos, libres y esclavizados, para el culto a un santo y la ayuda mutua.

Resistencia y camino a la libertad

No todas las personas esclavizadas aceptaron su condición sin resistirse. Algunas escapaban de donde las tenían; a quienes lo hacían se les llamaba cimarrones, y cuando lograban formar comunidades más o menos estables en sitios de difícil acceso, esos asentamientos se llamaban palenques.

El caso mejor documentado de esta resistencia en Nueva España es el de Yanga, que encabezó a un grupo de cimarrones refugiados en las montañas cerca de Córdoba, Veracruz. En 1609 la Corona envió una expedición para someterlos; hubo enfrentamientos, pero el conflicto terminó en una negociación y no en una derrota total. A cambio de reconocerlos como personas libres, se les pidió que devolvieran a quienes escaparan después y que pagaran cierto tributo a la Corona, como cualquier pueblo. De ese acuerdo nació un pueblo, San Lorenzo de los Negros, que con los años cambió su nombre por el que tiene hoy: Yanga. El reconocimiento formal de ese pueblo, sin embargo, tardó todavía algunos años más en llegar por escrito.

Hubo también episodios de otro tipo. A principios del siglo XVII se investigó en la Ciudad de México una supuesta conspiración de personas esclavizadas, que terminó con ejecuciones. Conviene tratar ese episodio con cuidado: lo que está documentado es el proceso y su desenlace; qué tan organizada y qué tan real fue la conspiración que se les atribuyó es algo que los historiadores no leen todos de la misma manera.

Con el paso de las generaciones, la población libre de origen africano creció mucho más rápido que la esclavizada, sobre todo por el mestizaje y por la manumisión. Para fines del siglo XVIII la mayoría de las personas de origen africano en Nueva España ya eran libres, y la esclavitud había perdido buena parte del peso económico que había tenido antes. Su fin legal llegó ya con la guerra de independencia, que es otro tema.

En orden
  1. 1609

    Los cimarrones de Yanga resisten a la expedición enviada contra ellos y negocian su libertad

Dato: El pueblo que nació del acuerdo con Yanga sigue existiendo con ese nombre en el estado de Veracruz, y cada año recuerda ahí ese origen.

La tercera raíz: una historia que se borró y hoy se reconoce

Durante mucho tiempo, el relato escolar de México contó su formación como el encuentro de dos raíces: la indígena y la española. La raíz africana, aunque dejó huellas profundas, casi no aparecía, y eso tiene que ver con cómo se construyó la idea de nación mexicana en los siglos siguientes: se prefirió una historia de dos orígenes, más simple de contar, y las comunidades de origen africano, ya mezcladas con el resto de la población, dejaron de verse como un grupo aparte.

Hoy se habla de una tercera raíz para nombrar ese aporte, junto con la raíz indígena y la española, y reconocerlo no cambia lo que ya se sabía de las otras dos: solo completa lo que faltaba.

Las huellas de esa raíz son visibles en varias partes del país. En la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca viven comunidades que se reconocen a sí mismas como afromexicanas y que han mantenido tradiciones propias durante generaciones. En Veracruz, la música tiene marcas claras de ese origen: el son jarocho, por ejemplo, mezcla raíces africanas con otras europeas e indígenas. Y en el español que se habla en México hay palabras que vienen de lenguas africanas, aunque su origen exacto se haya ido perdiendo con el tiempo.

Reconocer la tercera raíz no es corregir un dato menor: es aceptar que una parte importante de quienes construyeron Nueva España, y de quienes hoy viven en México, tiene ese origen, y que durante mucho tiempo esa parte de la historia se contó a medias.

Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.