🤝 Cortés y las alianzas indígenas
Cómo una expedición que rompió con su propio gobernador acabó al frente de un ejército, con intérpretes y con pueblos ya enemistados con la Triple Alianza.
La expedición que se volvió empresa propia
Hernán Cortés salió de Cuba al frente de una expedición autorizada por el gobernador Diego Velázquez, y con instrucciones de explorar y comerciar, no de fundar nada ni de conquistar. Antes que él ya habían tocado esas costas Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, cuyas expediciones trajeron las primeras noticias de un señorío rico tierra adentro. Cortés zarpó decidido a ir más lejos que ninguno de los dos, y Velázquez, que empezó a desconfiar de sus intenciones, intentó revocarle el mando cuando ya había salido.
La flota desembarcó en la costa de lo que hoy es Veracruz el 22 de abril de 1519. Ahí Cortés dio un paso que no era militar sino jurídico: fundó la Villa Rica de la Vera Cruz y dejó que su cabildo, recién formado y por lo tanto leal a él, lo nombrara capitán general. Con ese nombramiento su autoridad ya no venía de Velázquez —a quien había desobedecido— sino, en teoría, directamente del rey. Era una maniobra legal para blanquear una rebeldía, y funcionó: los Tratados y Cartas que mandó después a la corona se apoyan en ese argumento.
Para que nadie en la tropa pudiera regresar a Cuba a denunciarlo, Cortés hizo inutilizar las naves. Lo que documentan las fuentes es que las varó en la playa y las desmanteló —con las velas, la jarcia y los clavos se rehízo material en tierra—, no que las incendiara. La imagen de «quemar las naves» es una forma de contarlo que se fija después, no lo que describen los testimonios de la época.
1517
Hernández de Córdoba llega a las costas de Yucatán y es rechazado en Champotón
1518
Juan de Grijalva recorre la costa del Golfo y trae las primeras noticias del imperio mexica
1519 · 22 de abril
La expedición de Hernán Cortés desembarca frente a la costa de lo que hoy es Veracruz
1519
Se funda la Villa Rica de la Vera Cruz y su cabildo nombra capitán a Cortés
Dato: Nada se quemó: se desarmó. De una nave varada se saca cordelería, tela y metal, y eso es justo lo que la expedición necesitaba en tierra. La leyenda del incendio cuenta mejor, pero la maniobra real era más de carpintero que de dramaturgo.
Los intérpretes
Ninguna alianza se negocia sin lengua común, y Cortés no hablaba ni náhuatl ni maya. La solución fue una cadena de dos personas. Jerónimo de Aguilar era un español que había naufragado años antes en la costa de Yucatán y que, en su cautiverio entre mayas, había aprendido esa lengua. Cortés lo rescató al desembarcar y de inmediato tuvo con quién hablar en maya.
El otro eslabón fue una mujer náhuatl a la que los pueblos costeros conocían como Malintzin, entregada como esclava a los españoles junto con otras veinte mujeres poco después del desembarco. Malintzin hablaba náhuatl —su lengua materna— y maya, aprendido en su vida entre ambos pueblos. Con eso quedó armada la cadena: alguien le hablaba a Malintzin en náhuatl, ella lo traducía al maya para Aguilar, y Aguilar lo pasaba al castellano para Cortés. Sin esos dos pasos no había con quién pactar nada, ni con Cempoala ni con Tlaxcala.
El papel de Malintzin fue central desde ese momento y no se quedó en la traducción literal: aprendió deprisa el castellano, entendía el trasfondo político de lo que se negociaba, y con el tiempo habló directamente con Cortés sin pasar por Aguilar. Qué significa esa posición es algo que se discute desde hace generaciones: unos la leen como una mujer que, entregada sin que nadie le preguntara, hizo lo que pudo con el lugar que le tocó; otros ponen el acento en las consecuencias de lo que facilitó. Ambas lecturas están en la conversación historiográfica, y el tema no cierra la discusión por ella.
Dato: Malintzin, además de náhuatl y maya, terminó entendiendo también castellano, así que en más de una negociación pudo prescindir de Aguilar. La cadena de dos traductores duró, en la práctica, menos de lo que suele contarse.
Por qué tantos pueblos se les unieron
El primer pueblo en aliarse con Cortés fue el señorío totonaca de Cempoala, en la costa. Los totonacas pagaban tributo pesado a la Triple Alianza y guardaban con ella cuentas viejas; al ver llegar una fuerza extraña, calcularon que podía servirles para sacudirse esa carga y se sumaron sin pelear.
Con Tlaxcala fue distinto. Al entrar a su territorio, los ejércitos tlaxcaltecas combatieron a los españoles y a sus aliados totonacas durante semanas, con bajas de los dos lados. Solo después de esa resistencia el señorío tlaxcalteca decidió pactar, y esa alianza —no la de Cempoala— fue la que decidió la guerra: aportó la mayor parte de los guerreros que acompañaron a Cortés de ahí en adelante.
La enemistad de Tlaxcala con la Triple Alianza no empezaba con los españoles: venía de generaciones atrás. Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan tenían cercado en lo económico al señorío tlaxcalteca, que no podía comerciar libremente con el resto del Altiplano, y entre ambos bandos se sostenían además guerras rituales para conseguir prisioneros destinados al sacrificio. Aliarse con Cortés era, para Tlaxcala, seguir una guerra que ya traía por su cuenta.
De ahí la idea central de la sección: lo que sigue no fue una tropa española conquistando con ayuda indígena, sino también una guerra de pueblos indígenas contra la Triple Alianza, en la que los aliados no eran un auxilio sino la mayor parte del ejército.
1519
Tras semanas de combates, el señorío de Tlaxcala pacta la alianza que decide la guerra
Cempoala
Se alió sin combate; buscaba aliviar el tributo que pagaba a la Triple Alianza.
Tlaxcala
Resistió semanas por las armas y luego pactó la alianza que aportó más guerreros.
El cerco económico
La Triple Alianza aislaba comercialmente a Tlaxcala desde antes de que llegaran los españoles.
La guerra florida
Enfrentamientos rituales por prisioneros que mantenían el estado de guerra entre ambos bandos.
Cholula
Ya aliado con Tlaxcala, Cortés entró a Cholula, ciudad con un centro ceremonial de peso religioso en la región. Lo que sigue es uno de los episodios más discutidos de toda la Conquista, y conviene separarlo en tres cajas distintas en vez de contarlo como un solo hecho sin matices.
Lo documentado, sin discusión entre las fuentes: en el centro ceremonial de la ciudad ocurrió una matanza de la gente ahí reunida, con participación de tropas españolas y de guerreros tlaxcaltecas. Lo que está en disputa es el porqué: Cortés alega, en su propia carta al rey, que descubrió una emboscada preparada contra los españoles por instrucciones de Moctezuma, con calles taponadas, trampas con estacas y piedras acumuladas en las azoteas; otros relatos de la época, entre ellos testimonios recogidos del lado indígena, ponen en duda que esa emboscada existiera y sugieren que la matanza fue un castigo o una demostración de fuerza decidida de antemano. Lo que no puede establecerse con las fuentes disponibles es cuánta gente murió: las cifras que circulan varían mucho según quién las da.
Esta manera de leer Cholula —separar lo documentado de lo disputado y de lo que no se puede saber— es la misma que hay que aplicarle a cualquier episodio de esta guerra contado solo por uno de los bandos.
«…me tenían ordenada cierta traición para matarme en aquella ciudad a mí y a los de mi compañía, y que para ello había enviado Mutezuma de su tierra […] cincuenta mil hombres y que los tenía en guarnición a dos leguas de la dicha ciudad […]; tenían cerrado el camino real por donde solían ir y hecho otro nuevo de muchos hoyos y palos agudos hincados y encubiertos para que los caballos cayesen y se mancasen y que tenía muchas de las calles tapiadas y por las azoteas de las casas muchas piedras para que después que entrásemos en la ciudad tomarnos seguramente.»
Qué hay que ver aquí: Este fragmento es la versión de una sola de las partes: la de quien decidió la matanza y necesitaba justificarla ante el rey que lo tenía que confirmar en su cargo. Que Cortés describa una emboscada no prueba que existiera; para contrastarla hay que mirar los testimonios recogidos del lado indígena y notar que ninguna fuente independiente confirma los cincuenta mil hombres ni las trampas. Es el mismo problema que con cualquier fuente única: hay que preguntar quién la escribió y para quién.
Documentado
Hubo una matanza en el centro ceremonial de Cholula, con tropas españolas y tlaxcaltecas.
En disputa
Si existió de verdad la emboscada que Cortés dice haber descubierto, o si fue una justificación posterior.
No se puede establecer
El número de muertos: las cifras que dan las distintas fuentes no coinciden entre sí.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.