⛪ La conquista espiritual
La evangelización de los primeros años tras la caída de Tenochtitlan: por qué llegaron los frailes, cómo convirtieron, qué destruyeron, qué conservaron por escrito y la mezcla de creencias que resultó de todo eso.
Por qué mandaron frailes y no solo soldados
La Corona de Castilla sostenía su derecho a gobernar estas tierras en una concesión del papado que traía una condición: evangelizar a la población. Eso no era un añadido piadoso a la conquista militar, sino su base legal. Un territorio conquistado sin evangelizar era, en los propios términos de la Corona, un territorio sin justificación para seguir gobernado, así que enviar frailes era, al mismo tiempo, cumplir con Roma y sostener el dominio sobre lo que Cortés y sus aliados habían tomado por las armas.
Los primeros en llegar, en 1524, fueron doce frailes franciscanos, llamados después «los doce» casi como un título. Vinieron a pie desde Veracruz y, según cuentan las crónicas de la orden, entraron a la Ciudad de México descalzos y con hábitos remendados a propósito, para que Cortés los recibiera arrodillado delante de la población indígena y así se entendiera, desde el primer día, que la nueva autoridad religiosa no llegaba a competir con la militar. Pocos años después llegaron los dominicos, y después los agustinos, cada orden asentándose sobre todo en regiones distintas del territorio recién controlado.
Las tres eran órdenes mendicantes: comunidades de frailes que, a diferencia del clero de las parroquias, no vivían de un beneficio fijo ligado a un templo sino de la limosna y del trabajo, y que por regla se movían de un lugar a otro en vez de quedarse atados a una sola iglesia. Eso las hacía más baratas de sostener en un territorio enorme y recién conquistado, y más dispuestas a instalarse en pueblos pequeños y alejados donde un cura de parroquia, dependiente de los diezmos de su feligresía, difícilmente se habría quedado. El clero secular de las parroquias llegó después, cuando ya había ciudades e ingresos que lo sostuvieran; en los primeros años, la evangelización fue, casi por completo, tarea de mendicantes.
1524
Llegan los doce primeros franciscanos y empieza la evangelización organizada
Cómo se evangelizó
El primer paso fue el bautizo, y al principio se hizo de manera masiva: multitudes enteras recibían el sacramento en una sola jornada, sin la instrucción previa que la Iglesia exigía en Europa. Eso generó una discusión entre los propios frailes, no entre frailes y autoridades civiles: algunos sostenían que bautizar sin catequesis previa era necesario dado el número de personas y el poco tiempo, y que la enseñanza podía venir después; otros temían que así se llenaran las iglesias de cristianos solo de nombre, que seguían practicando sus creencias anteriores por dentro. La discusión nunca se cerró del todo y siguió marcando cómo cada orden organizó su trabajo.
El problema de la lengua obligó a inventar formas de enseñar que no dependieran de que el fraile hablara náhuatl, maya o cualquier otra lengua local desde el primer día: imágenes pintadas con las escenas del catecismo, representaciones teatrales de pasajes bíblicos y cantos en las lenguas locales, compuestos casi siempre por los propios frailes con ayuda de intérpretes indígenas. Con el tiempo, muchos religiosos sí aprendieron las lenguas del lugar donde trabajaban, algo poco común en otras zonas del imperio español.
Los conventos que se construyeron en esos años no eran solo templos: funcionaban también como escuela, como taller donde se enseñaban oficios y como centro desde el que se organizaba el trabajo agrícola de los pueblos alrededor. Y para resolver que las iglesias construidas al principio eran demasiado pequeñas para las multitudes que llegaban a misa, se levantaron las llamadas capillas abiertas: capillas con un solo muro techado y un atrio enorme al frente, pensadas para celebrar la misa al aire libre frente a cientos o miles de personas a la vez, una solución arquitectónica que no tenía equivalente en las iglesias de España.
Fray Toribio de Benavente, conocido como Motolinía, llevó una cuenta propia de los bautizos hechos por su orden y llegó a calcular varios millones de personas bautizadas en poco más de una década. Conviene leer esa cifra por lo que es: la cuenta de un fraile que sumaba lo que él mismo y sus compañeros recordaban haber hecho, no un registro oficial con el que se pueda verificar el dato de manera independiente.
«De manera que con los que bautizaron los defuntos y los que se volvieron a España, serán hasta hoy día bautizados cerca de cinco millones. […] Por manera que a mi juicio y verdaderamente serán bautizados en este tiempo que digo, que serán quince años, más de nueve millones de ánimas de indios.»
Qué hay que ver aquí: Fíjate en cómo llega a la cifra: primero calcula «cerca de cinco millones» sumando pueblo por pueblo, y unas líneas después, al acordarse de más regiones, corrige a «más de nueve millones». No cita un padrón ni un registro parroquial: cuenta lo que él y sus compañeros recuerdan haber hecho, y por eso una cifra casi se duplica dentro del mismo capítulo. Es un testimonio valioso porque lo escribió alguien que estuvo ahí, pero es exactamente eso, un testimonio, y por eso los historiadores lo usan con cuidado y no como un censo.
Lo que se destruyó y lo que se guardó
La evangelización trajo también destrucción deliberada: templos derribados para construir iglesias encima o cerca de ellos, esculturas rotas y códices quemados por considerarse objetos de idolatría. El caso más documentado es el de fray Diego de Landa en Yucatán, que ordenó reunir y quemar códices mayas en un auto de fe porque los consideraba instrumentos de las creencias antiguas que quería erradicar; hoy sobreviven apenas unos cuantos códices mayas prehispánicos en el mundo entero, y esa quema es una de las razones.
Al mismo tiempo, y dentro de la misma institución que destruía, hubo frailes que hicieron justo lo contrario: aprendieron las lenguas indígenas y se dedicaron a registrar por escrito lo que quedaba del mundo anterior a la conquista antes de que se perdiera. El caso más citado es el de fray Bernardino de Sahagún, que trabajó durante décadas con informantes indígenas para reunir, en náhuatl y en español, lo que hoy se conoce como la Historia general de las cosas de Nueva España.
Ese trabajo no lo hizo solo. En 1536 abrió el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, pensado para educar en latín, retórica y otras materias europeas a los hijos de la nobleza indígena. De ahí salieron varios de los colaboradores indígenas, bilingües y ya formados en la escritura alfabética, que ayudaron a Sahagún y a otros frailes a transcribir testimonios y a traducir. La paradoja del periodo queda ahí, sin suavizarla: casi todo lo que hoy se sabe del mundo mexica antes de la conquista llegó por gente formada dentro de la misma institución que, al mismo tiempo, destruía sus templos y sus códices.
1536 · 6 de enero
Abre el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco para los hijos de la nobleza indígena
| Aspecto | Se destruyó | Se conservó por escrito |
|---|---|---|
| Los templos | Derribados para construir iglesias encima o cerca de los mismos sitios de culto. | Su ubicación y su función se registraron en las crónicas de los propios frailes que los vieron en pie. |
| Los códices | Quemados por considerarse objetos de idolatría, como en el caso documentado de Yucatán. | Su contenido se recogió de nuevo, de memoria de los informantes, en obras como la de Sahagún. |
| El calendario y los ritos | Prohibida su práctica pública una vez impuesta la evangelización. | Descritos con detalle por escrito, precisamente para que los frailes supieran qué debían combatir. |
| Las lenguas indígenas | No se prohibieron, pero perdieron peso frente al español en la administración con el paso de los siglos. | Se usaron para predicar, se estudiaron en gramáticas y sirvieron de idioma de trabajo del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. |
Dato: De los códices mayas prehispánicos hechos antes de la conquista solo se conocen hoy cuatro en el mundo entero, ninguno de ellos completo; la quema ordenada por Landa en Yucatán es una de las razones por las que quedan tan pocos.
Lo que resultó: no una sustitución, una mezcla
Lo que produjeron esos primeros años no fue el reemplazo limpio de una religión por otra, sino un sincretismo: una mezcla en la que elementos de las creencias anteriores y del cristianismo quedaron entretejidos, a veces a propósito y a veces sin que nadie lo planeara así. Puede verse en cosas concretas y verificables: numerosos santuarios cristianos novohispanos se levantaron sobre o junto a sitios que ya eran de culto antes de la conquista, muchas fiestas patronales de los pueblos incorporan elementos de las celebraciones agrícolas y rituales previas, y la predicación en náhuatl y otras lenguas locales, sostenida durante generaciones, dejó vocabulario y formas de explicar la fe que no vienen de España.
El caso más conocido y más discutido es el culto a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, un cerro donde antes se veneraba a una deidad femenina. Que la Virgen se apareció ahí es un artículo de fe para millones de creyentes, y una materia escolar no está para afirmarlo ni para negarlo: no es un hecho que se establezca con documentos de archivo. Lo que sí está documentado es que el culto guadalupano en el Tepeyac se volvió, con el paso del tiempo, un elemento central de la religiosidad novohispana y después de la mexicana. Y lo que se discute entre historiadores no es la fe de nadie, sino una pregunta distinta: cuándo empezó exactamente ese culto a difundirse de forma amplia y por qué caminos, algo sobre lo que las fuentes documentales tempranas son escasas y los especialistas no coinciden.
Nada de esto se cerró en 1542. La mezcla siguió construyéndose durante el resto del virreinato, con la Iglesia ya instalada como institución permanente, sus tribunales y la llegada de la imprenta: eso pertenece a los temas siguientes. Lo que queda de esta etapa es el arranque de un proceso, no su resultado final.
1542 · 20 de noviembre
Las Leyes Nuevas prohíben esclavizar indígenas y ordenan que las encomiendas no se hereden
Santuarios sobre sitios anteriores
Iglesias y ermitas levantadas sobre o junto a lugares que ya eran de culto antes de la llegada de los españoles.
Fiestas patronales
Celebraciones del santo del pueblo que incorporan música, danzas o fechas ligadas al calendario agrícola anterior.
Predicación en lenguas locales
Sermones, catecismos y cantos en náhuatl y otras lenguas, sostenidos durante generaciones por los propios frailes.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.