🧩 Por qué ganaron los españoles
La pregunta que se hace después de leer la campaña: no la ganaron unos cientos de españoles solos, sino una coalición indígena mayoritaria, una epidemia y un cerco que se aislaba por completo.
La pregunta mal planteada
Todo alumno que llega a este punto de la historia hace la misma pregunta: ¿cómo le hicieron unos cientos de españoles para vencer a un imperio de millones de personas? La pregunta está mal planteada desde el principio, porque asume que la guerra la pelearon los españoles solos. No fue así: del lado español participaron, a lo largo de toda la campaña, unos cientos de hombres; del lado de sus aliados indígenas participaron decenas de miles.
Quien se enfrentó a la Triple Alianza fue una coalición encabezada por el señorío de Tlaxcala, con el que los españoles habían pactado meses antes de llegar siquiera a Tenochtitlan. Dentro de esa coalición, los españoles aportaban una parte pequeña de los combatientes y una parte grande de la ventaja técnica: eran, sobre todo, un refuerzo especializado dentro de un ejército que en número era abrumadoramente indígena.
La proporción real se puede ver incluso en los números que el propio Cortés reportó al rey. En una sola salida durante el cerco final, un solo señorío aliado, Texcoco, mandó más guerreros que todos los soldados españoles juntos en toda la campaña de conquista. Y Texcoco era apenas uno de los aliados: junto a él combatían Tlaxcala y otros señoríos enemigos de la Triple Alianza.
¿Por qué, entonces, se repitió tanto la versión de «pocos contra un imperio»? Porque la sostienen los propios relatos de los vencedores. Las cartas y crónicas que primero contaron esta guerra las escribieron soldados y capitanes españoles dirigiéndose a su rey, con el propósito de conseguir mercedes, cargos o el perdón de alguna falta; contar la victoria como la hazaña de un puñado de hombres valía más, para ese fin, que reconocer que la mayoría de quienes pelearon y murieron no eran ellos.
1519
Tras semanas de combates, el señorío de Tlaxcala pacta la alianza que decide la guerra
«El viernes siguiente, que fueron 5 de abril del dicho año de 521, salí de esta ciudad de Tesuico con los treinta de caballo y los trescientos peones que estaban apercibidos, y dejé en ella otros veinte de caballo y otros trescientos peones, y por capitán a Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor. Y salieron conmigo más de veinte mil hombres de los de Tesuico.»
Qué hay que ver aquí: Este pasaje pertenece a la Tercera carta de relación, la que Cortés escribió para contar al rey el desarrollo del sitio final. Es solo una salida entre varias del mismo mes, y solo de un señorío aliado, Texcoco (Tesuico en el texto): no es el recuento de toda la coalición indígena que participó en el cerco, que era todavía mayor y sumaba también a Tlaxcala y a otros señoríos. Fíjate en la proporción que el propio Cortés reporta: treinta de a caballo y trescientos peones españoles frente a más de veinte mil guerreros de un solo aliado, en una sola salida. Como toda fuente de este tipo, conviene leerla con cautela: es la cifra de quien la informa a un rey al que le convenía mostrarse al mando de una fuerza enorme, no un censo independiente.
Dato: En la carta donde reporta esa salida, Cortés cuenta que llevaba treinta jinetes y trescientos peones españoles; los guerreros de un solo aliado, Texcoco, superaban esa cifra en más de sesenta veces.
Las epidemias
La epidemia de viruela que golpeó la cuenca de México en 1520 no fue solo una tragedia aparte de la guerra: fue, para muchos historiadores, una de las razones por las que la ciudad no pudo resistir el cerco del año siguiente. Una población sin inmunidad previa a un patógeno nuevo enferma de golpe y en todas las edades, no solo en la infancia, como pasaba donde la enfermedad ya circulaba desde generaciones atrás; así que no hubo manera de sostener al mismo tiempo la defensa y el cuidado de los enfermos.
El golpe alcanzó justo donde más dolía para sostener una guerra: al mando y a la comida. Murió Cuitláhuac, el tlatoani que había tomado el cargo apenas semanas antes, en el peor momento posible para relevarlo. Y con tanta gente enferma a la vez, faltó quien sembrara, cosechara o preparara los alimentos, así que parte de las muertes de esos meses se debió al hambre y no solo al contagio.
Nada de esto fue un arma deliberada. En esa época, ni en Europa ni en Mesoamérica se sabía que una enfermedad pudiera transmitirse por contacto entre personas, así que nadie pudo haberla usado a propósito. Lo que se discute aquí es más puntual que la pregunta por cuánta población perdió Mesoamérica en las décadas siguientes: es cuánto pesó esta epidemia concreta, frente a la coalición indígena y el aislamiento del sitio, en que Tenochtitlan no pudiera resistir el cerco de 1521.
1520
La viruela llega a la cuenca de México y mata a Cuitláhuac y a buena parte de la población
Documentado
Que hubo epidemias devastadoras en estos años y que llegaron con los europeos: no existían antes en el continente.
En disputa
El peso relativo de la enfermedad frente a la guerra y el trabajo forzado a la hora de explicar por qué la ciudad no resistió el cerco.
No determinable
Cuántas personas murieron exactamente por la epidemia de 1520 en la cuenca de México, porque no existía un censo previo con qué comparar.
La ventaja militar, medida en su justa dimensión
La ventaja técnica de los españoles era real, pero no era pareja en todos los terrenos ni con todas las armas. El acero de espadas, lanzas y armaduras cortaba y resistía mejor que la obsidiana y la madera; las ballestas eran certeras a distancia; los caballos, en campo abierto como en Otumba, rompían formaciones que a pie eran casi imposibles de deshacer; y los perros de guerra sembraban pánico en el combate cuerpo a cuerpo. Ya en el cerco final, los bergantines armados para controlar el lago decidieron una parte central del sitio, porque sin ellos no se podía impedir que llegaran víveres o refuerzos por canoa.
Otras ventajas se exageran con facilidad. La pólvora de la época era lenta de recargar y llegaba siempre escasa desde tan lejos, y el arcabuz no era mejor arma que un arco en manos expertas. Dentro de la ciudad, sobre calzadas angostas y azoteas, un caballo servía de poco: ese mismo animal que decidió Otumba en campo abierto perdía casi toda su utilidad en un terreno donde no podía cargar ni maniobrar.
Algunos historiadores señalan además una diferencia de fondo en el propio objetivo de la guerra. La guerra mesoamericana, sostienen, buscaba sobre todo someter al enemigo y tomar prisioneros —para cobrar tributo o para el sacrificio ritual—, mientras que la guerra europea de la época buscaba destruir la capacidad de combate del rival hasta que dejara de existir como fuerza. Si esa lectura es correcta, ayudaría a explicar por qué un ejército mexica que en otras batallas había capturado con éxito a sus enemigos no logró hacer lo mismo frente a un adversario que jugaba, en ese sentido, otro juego.
1521 · 13 de agosto
Cuauhtémoc es capturado y Tenochtitlan cae tras ochenta días de sitio
| Aspecto | Sí daba ventaja | No tanto |
|---|---|---|
| Armas cuerpo a cuerpo | El acero de espadas y lanzas cortaba y resistía mejor que la obsidiana y la madera. | Fuera del choque directo, esta ventaja no bastaba si el bando enemigo era mucho más numeroso. |
| Armas de proyectil | Las ballestas eran certeras a distancia y no dependían de nada más que el propio tirador. | La pólvora era lenta de recargar y escasa, y el arcabuz no superaba a un arco en manos expertas. |
| Caballería | Decisiva en campo abierto, como en la batalla de Otumba. | De poco servía dentro de la ciudad, sobre calzadas angostas y azoteas. |
| Perros de guerra | Sembraban pánico en el combate cuerpo a cuerpo. | No cambiaban nada en un cerco que se ganaba cortando el agua y los víveres. |
| Control del lago | Los bergantines impedían que llegaran víveres o refuerzos a la ciudad por canoa. | Sin la mano de obra tlaxcalteca que los cargó hasta el lago, no habrían llegado a tiempo. |
Lo que de verdad decidió
Ninguna de las tres explicaciones basta por sí sola. La coalición indígena aportó la abrumadora mayoría de los combatientes y sostuvo el peso de la guerra en número; la epidemia debilitó a la ciudad por dentro, en su población y en su mando, antes de que comenzara el asalto final; y el aislamiento del sitio —cortar el agua, controlar el lago con los bergantines, cerrar las calzadas— impidió que Tenochtitlan resistiera un cerco prolongado.
Historiadores distintos ordenan estas tres causas de manera distinta según a cuál le den más peso, y ese orden se sigue discutiendo. Lo que no está en discusión es que ninguna de las tres, tomada sola, sostiene la historia completa: quien explica esta guerra con una sola causa —solo las armas, solo la enfermedad, solo la coalición indígena— está contando mal la historia, porque deja fuera todo lo demás que de verdad ocurrió.
1519
Tras semanas de combates, el señorío de Tlaxcala pacta la alianza que decide la guerra
1520
La viruela llega a la cuenca de México y mata a Cuitláhuac y a buena parte de la población
1521 · 13 de agosto
Cuauhtémoc es capturado y Tenochtitlan cae tras ochenta días de sitio
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.