⚖️ El árbitro autónomo
De la caída del sistema en 1988 a la alternancia del 2000: cómo se construyó, reforma por reforma, una autoridad electoral que el gobierno no controlaba.
Doce años, cuatro reformas
El punto de partida es 1988, que la unidad anterior cuenta: una elección cuyo cómputo se interrumpió, organizada y calificada por una autoridad que dependía del gobierno. De ahí sale un proceso que tardó doce años y que avanzó por escalones, cada uno negociado y cada uno insuficiente para la oposición, que seguía pidiendo más.
El primer escalón fue la creación del Instituto Federal Electoral en 1990. Fue un avance real —un organismo permanente, con servicio profesional propio y con un padrón y una credencial con fotografía que se construyeron desde cero— y a la vez conservaba al secretario de Gobernación como su presidente, es decir, seguía presidido por el gobierno.
El segundo llegó en 1994, en el año del levantamiento y los asesinatos, con la incorporación de consejeros ciudadanos sin filiación partidista a la dirección del instituto, la observación electoral nacional e internacional y una auditoría al padrón. El tercero, en 1996, es el decisivo: sacó al gobierno del consejo general, dejó al instituto en manos de consejeros designados por dos terceras partes de la Cámara de Diputados, estableció financiamiento público predominante para los partidos con reglas de acceso a medios, y dotó al tribunal electoral de facultades plenas, incorporándolo al Poder Judicial.
1988 · 6 de julio
En la elección presidencial el conteo se interrumpe y el resultado queda en disputa
1990 · octubre
Se crea el Instituto Federal Electoral para organizar las elecciones
«La organización de las elecciones federales es una función estatal que se realiza a través de un organismo público autónomo denominado Instituto Federal Electoral, dotado de personalidad jurídica y patrimonio propios […] En el ejercicio de esa función estatal, la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad serán principios rectores.»
Qué hay que ver aquí: Fíjate en dos palabras del texto. «Autónomo» significa que no depende del ejecutivo ni recibe instrucciones suyas, y es la palabra que cambia todo respecto de 1988. Y «función estatal» significa que organizar elecciones sigue siendo tarea del Estado y no de los partidos ni de particulares: la autonomía es frente al gobierno, no frente al país. Los cinco principios rectores que enumera al final no son adorno: son el criterio con el que después se juzga si una actuación del instituto fue correcta, y se citan en las resoluciones.
Por qué cada reforma se aprobó
Hay un patrón que conviene ver porque explica el ritmo del proceso y se repite en toda la historia electoral mexicana: cada reforma se aprobó después de un conflicto que volvió insostenible la regla anterior. La de 1977 vino después de una elección presidencial sin competidor; la de 1990 después de 1988; la de 1994 en un año de levantamiento armado y asesinatos, cuando el gobierno necesitaba desesperadamente que la elección fuera creíble; la de 1996 después de que las elecciones locales de los años previos acumularan conflictos poselectorales en varios estados.
La otra parte de la explicación es que el gobierno estaba perdiendo la capacidad de sostener el arreglo aunque quisiera. La oposición ganaba gubernaturas desde 1989, controlaba ciudades grandes, tenía presencia en el Congreso y podía movilizar; la prensa era cada vez más independiente; y la economía, después de 1994, le había quitado al partido en el poder buena parte del recurso más útil que tenía, que era repartir bienestar.
Los estudiosos de la transición mexicana discuten cuánto de esto fue concesión calculada y cuánto conquista arrancada, igual que en la unidad anterior. Lo que ambas lecturas comparten es la observación del patrón: ninguna de las cuatro reformas se planteó antes de que un conflicto la hiciera necesaria, y cada una fue exactamente tan amplia como hacía falta para desactivar el conflicto de ese momento.
1989 · julio
El PAN gana Baja California: la primera gubernatura que no queda en manos del PRI
1996 · agosto
La reforma electoral saca al gobierno del IFE y lo vuelve un árbitro autónomo
Los cuatro escalones del árbitro
1990: se crea el instituto
Organismo permanente con padrón y credencial nuevos, presidido por el gobierno.
- Se construyen desde cero un padrón electoral y una credencial con fotografía.
- Se crea un servicio profesional propio para organizar las elecciones.
- El secretario de Gobernación preside el consejo: el gobierno sigue dentro.
1994: entran los ciudadanos
Consejeros sin filiación partidista y observación electoral.
- Se incorporan consejeros ciudadanos a la dirección del instituto.
- Se permite la observación electoral nacional e internacional.
- Se audita el padrón para responder a las dudas sobre su confiabilidad.
Ojo: Esta reforma se negocia en el año del levantamiento y los asesinatos. El gobierno necesitaba una elección creíble más que nunca, y eso explica su alcance.
1996: sale el gobierno
El instituto queda en manos de consejeros designados por el Congreso.
- El secretario de Gobernación deja de presidir el consejo general.
- Los consejeros los designan dos terceras partes de la Cámara de Diputados.
- Se establece financiamiento público predominante y reglas de acceso a medios.
- El tribunal electoral se incorpora al Poder Judicial con facultades plenas.
1997 y 2000: la prueba
El nuevo arreglo se estrena y produce resultados que antes no ocurrían.
- En 1997 el partido en el poder pierde la mayoría de la Cámara de Diputados.
- La Ciudad de México elige por primera vez a su jefe de gobierno.
- En 2000 la presidencia cambia de partido y el resultado se reconoce esa misma noche.
1997 y 2000: el arreglo funciona
La primera prueba fue la elección intermedia de julio de 1997, y produjo dos resultados que el país no había visto. El partido en el poder perdió por primera vez la mayoría de la Cámara de Diputados, de modo que el presidente ya no podía aprobar lo que quisiera; y la Ciudad de México eligió por primera vez a su jefe de gobierno, cargo que hasta entonces designaba el presidente, y lo ganó la oposición.
Ese momento merece atención porque es donde el sistema político mexicano cambia de verdad, más incluso que en el año 2000. Un presidente sin mayoría es un presidente que tiene que negociar, y desde 1997 hasta 2018 ningún gobierno mexicano volvió a tener mayoría propia. El presidencialismo que venía de los años treinta terminó ese día, y no por una reforma que lo aboliera.
La segunda prueba fue la elección presidencial del 2 de julio de 2000. Ganó Vicente Fox, el resultado lo dio a conocer la autoridad electoral esa misma noche, el presidente saliente lo reconoció públicamente y la transmisión ocurrió sin conflicto. Doce años después de 1988, la misma pregunta —quién ganó— se respondió con una institución que el gobierno no controlaba, y esa es exactamente la diferencia que las cuatro reformas construyeron.
1997 · 6 de julio
El PRI pierde la mayoría en la Cámara y la Ciudad de México elige a su jefe de gobierno
2000 · 2 de julio
Vicente Fox gana la presidencia y el PRI pierde el cargo después de setenta y un años
| Aspecto | 1988 | 2000 |
|---|---|---|
| Quién organiza | Una autoridad que dependía del gobierno, juez y parte. | Un organismo autónomo con consejeros designados por el Congreso. |
| Quién resuelve las disputas | Colegios electorales integrados por los propios candidatos electos. | Un tribunal del Poder Judicial con facultades plenas. |
| Cómo se financian las campañas | Sin reglas eficaces de fiscalización ni de acceso a medios. | Financiamiento público predominante y reglas de acceso a medios. |
| Qué pasó con el resultado | El conteo se interrumpió y el resultado quedó en disputa. | Se dio a conocer esa noche y el presidente saliente lo reconoció. |
Dato: El jefe de gobierno de la Ciudad de México lo designaba el presidente hasta 1997. Que la capital del país eligiera a su gobernante por primera vez ese año es un cambio que suele quedar tapado por la alternancia de 2000, y que en su momento fue igual de significativo.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México II de la DGB/SEP.