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🗺️ Federalismo contra centralismo

La pregunta que ordena treinta años: ¿el poder se reparte entre los estados o se concentra en la capital?

La Constitución de 1824

Caído el imperio, el congreso nuevo tuvo que contestar la pregunta que el Plan de Iguala había esquivado. En 1824 promulgó una constitución que establecía una república representativa y federal: diecinueve estados con congreso, gobernador y leyes propias, un presidente, un congreso general de dos cámaras y una Suprema Corte.

Que ganara el federalismo no fue casual. Las provincias venían acumulando atribuciones desde la Constitución de Cádiz, con sus diputaciones propias, y su adhesión al Plan de Casa Mata había sido la que tumbó al imperio. Varias avisaron con claridad que si no se les reconocía autonomía, no seguirían unidas.

El primer presidente fue Guadalupe Victoria, el insurgente que había resistido escondido en Veracruz, y fue el único de esta etapa que terminó su periodo completo. Que eso sea digno de mención dice bastante sobre lo que vino después.

En orden
  1. 1824 · 4 de octubre

    Se promulga la Constitución federal de 1824

«4.º La nación mexicana adopta para su gobierno la forma de república representativa popular federal. 5.º Las partes de esta federación son los Estados y Territorios siguientes […]. 6.º Se divide el supremo poder de la federación para su ejercicio en legislativo, ejecutivo y judicial.»
Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, artículos 4.º, 5.º y 6.º · 4 de octubre de 1824

Qué hay que ver aquí: Fíjate en el orden de los artículos: primero se decide la forma de gobierno, después se enumeran las partes y hasta el tercero se reparte el poder. Y fíjate en «popular»: la soberanía viene de la nación, no de un rey. En dos años se pasó de un imperio a esto, y sin que hubiera habido una discusión pública que preparara el cambio. Ahí está el problema que el país arrastró: la forma de gobierno se decidía después de cada golpe, no antes.

Qué se jugaba de verdad

Presentada como una discusión de teoría política, la disputa parece abstracta. Vista por lo que estaba en juego, es muy concreta. Se jugaba quién cobra los impuestos y se queda con ellos, quién manda la milicia armada de cada estado, quién nombra a los gobernadores y a los jueces locales, y quién decide sobre los bienes y los fueros de la Iglesia y del ejército.

Por eso cada postura tenía detrás grupos definidos. Al federalismo lo apoyaban las élites de las provincias, los comerciantes de puertos que no querían depender de la capital, y quienes veían con recelo los privilegios del clero y del ejército. Al centralismo lo apoyaban el alto clero, la oficialidad del ejército y los comerciantes de la Ciudad de México, que preferían un poder fuerte y un orden que no se discutiera cada año.

Conviene decir también que ninguno de los dos bandos era una organización con reglas: eran alianzas cambiantes de personas y regiones. Santa Anna, que gobernó once veces, encabezó gobiernos de los dos signos según le convino. Estudiar esto como una lucha entre dos partidos disciplinados lleva a confundirse.

Las dos respuestas y lo que había detrás
AspectoFederalismoCentralismo
Dónde reside el poderEn los estados, que ceden al centro solo lo que a todos concierne.En el gobierno de la capital; los estados pasan a ser departamentos.
Los impuestosCada estado cobra los suyos y aporta una parte al centro.La recaudación se concentra y desde el centro se reparte.
Las fuerzas armadasMilicias de los estados, además del ejército general.Un solo ejército, bajo mando del gobierno central.
Quién lo apoyabaÉlites de provincia, comerciantes de puertos, críticos de los fueros.Alto clero, oficialidad del ejército, comerciantes de la capital.
Qué temíaQue la capital decidiera todo y las regiones pagaran la cuenta.Que el país se deshiciera en pedazos ingobernables.

El vaivén y su costo

En 1836, tras años de conflictos, el centralismo se impuso y sustituyó la constitución federal por las Siete Leyes: los estados pasaron a ser departamentos con gobernadores nombrados desde el centro, se restringió el derecho a votar con requisitos de ingreso y se creó un cuarto poder facultado para declarar nulas las leyes.

El cambio provocó lo que sus impulsores querían evitar. Varios departamentos se levantaron contra él, Yucatán se declaró independiente por un tiempo y Texas, donde el federalismo había sido parte del arreglo con los colonos, aprovechó el argumento para separarse. Ese episodio tiene tema propio en esta unidad.

El vaivén siguió: se volvió al federalismo, se regresó al centralismo, y cada cambio traía consigo un pronunciamiento militar. Lo caro no fue una postura ni la otra —las dos tienen argumentos defendibles— sino que la regla del juego se cambiara cada pocos años. Un país que no sabe qué constitución rige tampoco puede cobrar impuestos con regularidad ni sostener un ejército, y así lo encontró la guerra con Estados Unidos.

En orden
  1. 1836

    Las Siete Leyes convierten al país en una república centralista

  2. 1829

    España intenta reconquistar México y es derrotada en Tampico

  • Siete Leyes

    El conjunto de leyes constitucionales de 1836 que instauró la república centralista. Convirtió los estados en departamentos y creó un poder facultado para anular leyes.

  • Departamento

    El nombre que recibieron los antiguos estados bajo el centralismo, con gobernador nombrado desde la capital en vez de electo.

  • Milicia cívica

    Fuerza armada de los estados, distinta del ejército general. Su existencia era una de las garantías del federalismo y una de las primeras cosas que el centralismo suprimía.

Dato: En 1829 España intentó reconquistar México y fue derrotada en Tampico. Ese triunfo hizo famoso a Santa Anna y explica buena parte del prestigio con el que gobernó después, incluso tras derrotas mucho más costosas.

Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.