🚂 La economía del progreso
Ferrocarriles, minas y capital extranjero: el crecimiento fue real, y también lo fue quién se quedó con él.
Rieles, puertos y telégrafo
En 1876 México tenía unos pocos cientos de kilómetros de vía férrea, casi toda en la línea de la capital a Veracruz. Para 1910 tenía más de diecinueve mil. Esa cifra es el dato más citado del periodo y merece explicarse: no es solo una obra grande, es lo que por primera vez volvió posible mover mercancía pesada de una región a otra a un costo razonable.
El trazo de esas líneas dice para qué se construyeron. Las principales van del centro a la frontera norte y a los puertos, siguiendo las zonas mineras y agrícolas de exportación. No se construyó una red que integrara el mercado interno, sino una que sacara producto hacia fuera; esa decisión es coherente con el modelo económico del régimen y explica por qué muchas regiones siguieron viviendo aparte.
Junto con el ferrocarril llegaron el telégrafo, la modernización de los puertos, el alumbrado eléctrico en las ciudades grandes y una banca que antes no existía. En 1894, por primera vez desde la Independencia, el presupuesto federal cerró sin déficit, obra del secretario de Hacienda José Yves Limantour, quien reordenó la deuda, suprimió las alcabalas que encarecían el comercio interno y devolvió a México el crédito internacional que había perdido.
1873
Se inaugura el ferrocarril de la Ciudad de México a Veracruz
1884
Díaz vuelve a la presidencia y ya no la suelta hasta 1911
Dato: De unos pocos cientos de kilómetros de vía a más de diecinueve mil en poco más de treinta años. Esa misma red serviría después para mover ejércitos revolucionarios de un extremo del país al otro.
Con dinero de quién
El capital para todo eso vino de fuera: sobre todo de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. México ofrecía a cambio concesiones amplias, exenciones de impuestos y garantías. Los ferrocarriles, la minería, el petróleo, la electricidad y buena parte de la banca quedaron en manos extranjeras.
El caso del subsuelo es el más importante para lo que viene después. Una ley minera de 1884 rompió con la tradición jurídica española, que reservaba el subsuelo a la Corona: a partir de entonces, el dueño del terreno era también dueño de lo que hubiera debajo. Esa reforma es la que hizo atractiva la inversión petrolera extranjera, y es exactamente la que el artículo 27 de la Constitución de 1917 vendría a revertir.
El régimen consideraba esto un logro y no una concesión: sin capital propio, atraer el ajeno era la única manera de construir en treinta años lo que otros países habían tardado un siglo. La objeción tampoco es un invento posterior: se hacía entonces, y consistía en que las ganancias salían del país, que las empresas extranjeras pagaban mejor a sus propios trabajadores que a los mexicanos, y que decisiones sobre recursos del país se tomaban en otras capitales.
1906 · 1 de junio
Huelga de los mineros de Cananea, Sonora
| Aspecto | Lo que consiguió | Lo que costó |
|---|---|---|
| Infraestructura | Diecinueve mil kilómetros de vía, puertos, telégrafo, electricidad. | Trazada para exportar, no para integrar el mercado interno. |
| Finanzas | Presupuesto sin déficit y crédito internacional recuperado. | Logrado con exenciones y concesiones muy amplias. |
| Propiedad | Inversión que México no tenía cómo generar por sí mismo. | Ferrocarriles, minas, petróleo y banca en manos extranjeras. |
| El subsuelo | La reforma de 1884 volvió atractiva la inversión petrolera. | Rompió una tradición jurídica de siglos, y 1917 la revertiría. |
| Los salarios | Mano de obra barata como ventaja competitiva del país. | Salarios que no crecieron mientras subían los precios del maíz. |
Un crecimiento que no se repartió
La economía creció y la producción aumentó, pero el salario real del trabajador del campo se mantuvo estancado durante décadas mientras el precio del maíz subía. Eso quiere decir que la misma jornada compraba menos comida al final del periodo que al principio, y ese dato desmonta la idea de que el crecimiento acabaría alcanzando a todos por su propio peso.
En el campo, la agricultura de exportación —henequén en Yucatán, café en Chiapas y Veracruz, algodón en La Laguna, ganado en el norte— se volvió el sector dinámico, mientras la producción de alimentos para consumo interno se quedaba atrás. México llegó a importar maíz, el cultivo que había sostenido su alimentación durante milenios, y eso no fue un accidente climático: fue el resultado de que la tierra buena se dedicara a lo que se vendía fuera.
En la industria y la minería aparecieron centros de trabajo con miles de obreros —textiles en Puebla y Veracruz, minas en Sonora y Coahuila— y con ellos un grupo social nuevo. No existía derecho a organizarse ni jornada máxima ni indemnización por accidentes, y en varias empresas extranjeras un trabajador mexicano ganaba menos que un extranjero por el mismo puesto. De ahí salen Cananea y Río Blanco, que son la materia de la unidad siguiente.
Salario real
Lo que un salario alcanza a comprar, no la cantidad de dinero. Puede quedarse igual en pesos y bajar en la práctica si los precios suben.
Agricultura de exportación
La que produce para vender fuera del país: henequén, café, algodón. Fue el sector dinámico, y creció mientras la producción de alimentos se quedaba atrás.
Concesión
Permiso que el Estado otorga a un particular para explotar un recurso o prestar un servicio. Las del porfiriato incluían exenciones amplias de impuestos.
Enclave
Centro de producción conectado con el exterior y poco integrado a la economía de su región: saca el producto y deja poco alrededor.
Basado en: Gloria M. Delgado de Cantú, «Historia de México», y el programa de Historia de México I de la DGB/SEP.